sábado, 25 de septiembre de 2010

Libro IV, Capítulo 110 (3 de 5)

Floyán ataca a Angriote y le da tan gran golpe que rompe su lanza y casi lo derriba. Saca la espada y se lanza sobre Enil y le golpea duramente en el yelmo y saltan chispas. Floyán pasa tan rápido entre ambos rivales que ninguno puede responder a su ataque y herirlo. Floyán  persiste en su ardoroso ataque. Se topa con un caballero irlandés, de la casa de Cuadragante, y le dan un golpe tan grande en hombro que le corta armadura, carne y hueso. El irlandés cae al suelo y es evacuado. La batalla acabó para él. 
Amadís, con Balais de Carsante y Gandalín, se lanza sobre las huestes romanas haciendo grandes estragos. Causa tal espanto que sus rivales se van apartando a su paso. Flamíneo, hermano bastardo de la reina Sardamira, decide enfrentarse con él. Le ataca y rompe la lanza sobre su escudo, destrozándolo. Amadís intenta herirle con la espada pero falla el golpe y solo hiere a su caballo en el lomo, junto a los arzones de la zaga, tan profundo que caballo y caballero caen al suelo. 
Cuadragante y sus hombres están a punto de derrotar a sus rivales, pero llega Arquisil con refuerzos y equilibra la situación. La lucha es tan esforzada que caen más de un millar de caballeros de uno y otro bando. Arquisil se enfrenta a Landín. Luchan tan fieramente que rompen lanzas y ambos caen al suelo. Floyán con cincuenta de los suyos continua el combate. Socorre a Flamíneo y le proporciona un nuevo caballo. Floyán ve a Arquisil pie a tierra y grita a sus hombres para que auxilien al capitán romano. Y arremete en su ayuda. Le siguen más de 500 caballeros romanos. Angriote, Enil y Gavarte ven lo que se avecina y avisan a voces a Cuadragante que acude con numerosos caballeros en defensa de Landín. Cada bando consigue rescatar a su caballero: Cuadragante a Landín, Flamíneo y Floyán a Arquisil. El campo de batalla queda cubierto de caballeros muertos y heridos. 
Amadís, por su parte, sigue asolando las huestes romanas.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Libro IV, Capítulo 110 (2 de 5)

El escudero vuelve junto a su amo Gasquilán con la conformidad de Amadís. El rey de Suesa reclama sus armas: sobreseñales y sobrevistas de campo pardillo y con grifos dorados, yelmo y escudo, de acero limpio. En medio del escudo lleva un grifo sujeto por clavos dorados y guarnecido de perlas y piedras preciosas. El grifo estruja un corazón entre sus garras. Representa la esquivez y crueldad de su amada. Gasquilán pide permiso a Patín para tener la justa con Amadís antes de la batalla. Se jacta de que le vencerá fácilmente en el primer encuentro. Patín, que ya conoce la fortaleza de Amadís en carne propia, duda en su interior de las petulantes palabras de Gasquilán.
Comienza el duelo. Ambos caballeros cabalgan, lanza en ristre, uno contra otro. El choque es brutal. Rompen sus lanzas y chocan sus escudos con tanta violencia que Gasquilán cae al suelo cuan largo es, con tan mala fortuna que se parte el brazo y queda inconsciente en el suelo, como muerto. En el choque, el caballo de Amadís se parte el espinazo y nuestro héroe tiene que poner pie a tierra. Se acerca a Gasquilán para comprobar si está vivo o muerto.
Patín, que contempla el resultado de la justa a distancia, cree que Gasquilán ha muerto y ordena a Floyán que ataque con su escuadra. Cuadragante, en cuanto advierte el movimiento de los romanos, ordena a sus hombres que avanzen para defender a Amadís y que maten sin piedad a los adversarios. Gandalín, que ve a Amadís a punto de ser embestido por los romanos, se lanza en su auxilio. El primer romano con quien se topa es el mismo Floyán. Lo derriba y el romano cae al suelo. Gandalín, aunque pierde los estribos, consigue mantenerse a caballo. Llegan más romanos, en gran número, y consiguen rescatar a Gasquilán que ya había recobrado el sentido. También le dan otro caballo a Floyán. Cuadragante, por su parte,  en su contraataque, derriba a cuatro contrarios. Del primero que vence toma el caballo y se lo cede a Amadís. Acompañan a Cuadragante Gavarte del Val Temeroso y Landín, que hacen gran destrozo entre las filas romanas. El griterío y el ruido es tan ensordecedor que no se oyen unos a otros. Se ven caballos sin  jinete y caballeros tendidos en el suelo, muertos o malheridos... Floyán en cuanto se ve de nuevo a caballo y armado, deseoso de ganar honra y vengar a su hermano Salustanquidio, se lanza de nuevo al fragor del combate.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Libro IV, Capítulo 110 (1 de 5)

¿Por qué este empeño de Gasquilán, príncipe de tan lejanas tierras, por enfrentarse a Amadís? Era hijo, como sabéis, de Madarque, jayán de la Ínsula Triste, y de la hermana de Lancino, rey de Suesa. Al morir éste sin hijos, Gasquilán heredó el trono de Suesa.
Gasquilán se enamoró de Pinela, princesa de un reino colindante a Suesa, la Ínsula Fuerte. Por ella, Gasquilán emprendió grandes y esforzadas aventuras. Pero Pinela que conocía su carácter soberbio y follón, además de saber que era hijo de gigante, lo rechazó.
Pero los consejeros de la princesa, temiendo la airado despecho de Gasquilán, le sugirieron a su señora que no lo rechazara tan abruptamente. Entonces, Pinela le dijo a Gasquilán que había prometido a su padre que solo se casaría con el mejor caballero del mundo. Ella había hecho sus indagaciones, descubriendo que ese caballero era Amadís de Gaula. Gasquilán, todo soberbia y presunción, decidió enfrentarse a Amadís y demostrarle a la princesa que el mejor caballero era él. Por esa razón se había aliado con Lisuarte en la campaña de la Ínsula de Mongaza. Lamentablemente para Gasquilán, Amadís no había participado en esa guerra. Además, salió malherido de aquella empresa, pues tuvo un encontronazo con Florestán.
Después de aquello, Amadís había partido de incógnito como el Caballero de la Verde Espada en busca de aventuras por Alemania, Bohemia, Romania y Grecia, y Gasquilán le había perdido la pista.
Ahora, con la reaparición de Amadís, y aprovechando el litigio con el rey Lisuarte, Gasquilán tenía una segunda oportunidad de enfrentarse a su rival.

Libro IV, Capítulo 109 (4 de 4)

Llegan ante Perión. Amadís le dice a su padre que va a armar caballero a Gandalín pero quiere que sea el rey quien le de la espada. Perión reconoce el caballo de Galaor y le pregunta a Gandalín por su hijo. Gandalín le pone al corriente de la evolución del enfermo. Le han ocultado que van a enfrentarse a Lisuarte para no perjudicar su convalecencia.
Durín le entrega una espada a Perión. Amadís nombra caballero a Gandalín. Le coloca la espuela derecha mientras Perión le ciñe la espada. La emotiva ceremonia concluye con parabienes de todos los presentes.
Bruneo arma caballero a Lasindo y Agrajes le ciñe la espada. 
Estos dos caballeros noveles van a hacer tan buen papel en la batalla que se avecina  y ganarán tanta honra y prestigio que les bastará para el resto de sus vidas.
Las tropas continúan su camino. En poco tiempo ambos bandos quedan a la vista. Amadís ve que frente a él está la enseña de Roma. Se alegra porque así no tendrá que luchar directamente con Lisuarte, por quien todavía siente algo de consideración, en recuerdo de los viejos tiempos y por ser el padre de su amada. No piensa lo mismo Agrajes, pues desde la derrota de Mongaza, odia profundamente a Lisuarte y quiere tener una cumplida venganza.
A punto de iniciarse la batalla y con los sonidos de trompetas y añafiles, llega un escudero desde el bando romano. Pregunta por Amadís. Es el escudero de Gasquilán de Suesa y trae un mensaje de su amo: le propone a Amadís una justa previa a la batalla porque está deseoso de enfrentarse al mejor caballero del mundo. Amadís acepta el desafío.
El porqué de este reto se explica en el siguiente capítulo.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Libro IV, Capítulo 109 (3 de 4)

Patín está impaciente por acabar la campaña para regresar a Roma cuanto antes. Así es su carácter, inconsistente y voluble. También los hombres de Perión quieren entrar pronto en combate. Pero Perión prefiere demorar ese momento hasta que sus tropas estén perfectamente preparadas. Y ese momento ha llegado... Tras oír la misa, el rey Perión ordena a sus huestes que se preparen para la batalla. Al alba, ambos ejércitos se ponen en movimiento. Todos los caballeros salen con sus mejores armas. Patín lleva armas, yelmo, escudo y sobreseñales, todo negro.
El escudo negro tiene una figura femenina en oro que representa a Oriana. En las sobreseñales lleva bordadas unas cadenas que simbolizan las que va a usar para prender a Amadís. Tras él va Floyán. Tiene armas amarillas y negras a cuarterones. Arquisil lleva armas azules y blancas con adornos de plata y flores doradas. Lisuarte porta armas con águilas blancas, y un águila solitaria en su escudo. El rey Cildadán lleva armas negras sin ningún adorno (es tan austero desde que fue derrotado por Lisuarte y se convirtió en su tributario). Tampoco Arbán, Grumedán y Guilán llevan ningún adorno, triste por enfrentarse a sus otrora amigos.
En el otro bando, Perión sale con armas claras y limpias como el acero con sobreseñales de seda colorada y montando un magnífico caballo español y con la enseña del Emperador de Constantinopla. El rey Ladasán de España ha enviado varios caballos de pura raza como regalo. Amadís lleva sus famosas armas verdes con leones dorados. Cuadragante, armas pardillas con flores plateadas y monta otro de los caballos de Ladasán. Bruneo porta sus armas habituales. En su escudo hay dibujados una doncella y un caballero hincado ante ella. Florestán lleva armas coloradas con flores doradas y su correspondiente caballo español. Agrajes, armas rosadas y en su escudo, una doncella que aprieta un corazón contra ella. Angriote lleva armas de veros azules y plata. Llegan Gandalín y Lasindo, con armas blancas como corresponde a caballeros noveles. Amadís acompaña a Gandalín ante Perión. Antes le dice que durante el combate no se separe de él. Así podrá auxiliarle y compensar su inexperiencia en la batalla. Gandalín le promete que así lo hará.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Libro IV, Capítulo 109 (2 de 4)

Amadís, en un principio reticente, cae en la cuenta de lo injusto que sería negarse a su petición. Aparta sus egoístas deseos y acepta su demanda. Lamenta no haberle preparado unas armas acordes a su nueva categoría caballeresca. Gandalín le responde que Galaor, como no puede usar las suyas por su enfermedad y conocedor del ansia de Gandalín, le cedió sus propias armas y su caballo. Gandalín aceptó el caballo, la loriga y el yelmo, pero el resto de la armadura ha de ser blanca como corresponde a un caballero novel. En cuanto a la espada, confía en que Amadís le dé una de las que le regaló la reina Menoresa.
Amadís le propone que vele armas la noche previa a la Gran Batalla y que a la mañana siguiente Perión le arme caballero. Gandalín declina la oferta. Solo Amadís puede armarle caballero. Amadís se pliega a sus deseos. Como también Lasindo, escudero de Bruneo, va a ser armado caballero, Gandalín propone una ceremonia conjunta, incluyendo el velatorio de armas. Amadís váse emocionado y visita a su padre que anda ocupado aderezando sus huestes para la Gran Batalla. 
Los espías del rey Arábigo vigilan el campamento insulofirmeño desde una montaña cercana. Luego se van para informar a su señor. El rey Arábigo dispone que su ejército se acantone en las montañas a la espera de acontecimientos.
A pesar del sigilo con que el rey Arábigo hace sus movimientos, noticias de su desembarco llegan tanto a Perión como a Lisuarte que extreman sus precauciones contra él.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Libro IV, Capítulo 109 (1 de 4)

Lisuarte y Patín salen del real de Vindilisora al frente de su ejercito. Hacen jornadas corta para no fatigar a la tropa. Les llegan noticias de que Perión y sus hombres se dirigen hacia ellos. Lisuarte envía una avanzadilla de 50 caballeros al mando de Ladasín el Esgrimidor, primo hermano de Guilán. A los tres días, la avanzadilla de Ladasín se topa con la que ha enviado Perión, 40 caballeros al mando de Enil. Ambos jefes envían mensajeros para avisar a sus respectivas tropas. No se enfrentan porque tienen orden expresa de no hacerlo. Llegan los dos ejércitos que quedan frente a frente, cada uno en un extremo de un campo amplio y llano. Ambos ejércitos acampan en sus reales y cavan fosos y construyen defensas.
Gandalín llega de la Ínsula Firme acompañando a Melicia. Se ha dado mucha prisa porque quería llegar antes del inicio de la gran batalla.Amadís se había criado en casa de Gandales como un hijo. Gandalín, el verdadero hijo de Gandales, lo consideraba su hermano hasta que Amadís se hizo caballero y se desveló su identidad. Desde entonces, Gandalín le había servido como fiel escudero, aunque su deseo más íntimo era el ser caballero a su vez y honrar así a su familia. Amadís se resistía a la idea de perder tan leal servidor. Fue su confidente y su puntal en los momentos más melancólicos. Le había sido imprescindible para mantener su relación clandestina con Oriana. Gandalín había aguantado mucho en ese status por el amor y respeto que sentía por Amadís. Pero ahora que la Gran Batalla se avecina y que Amadís tiene a su amada Oriana a su vera, Gandalín cree que el momento de ser armado caballero ha llegado. Después de informar a Amadís de la llegada de su hermana, de las noticias sobre la Gaula, del estado de salud de Galaor y de las recomendaciones de la reina, se lo lleva a un lugar apartado y le expone su deseo de ser armado caballero.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Libro IV, Capítulo 108

Arcaláus se había asociado con el rey Arábigo, Barsiñán de Sansueña, el rey de la Profunda Ínsula (superviviente de la Batalla de los Siete Reyes) y con los parientes de Dardán el Soberbio. Cuando supo de la llegada de las fuerzas de Lisuarte y de Amadís, envió a Garín, hijo de Grumén (muerto por Amadis) con la noticia para sus aliados. Garín llega a tierras de Arabia y se reune con el rey Arábigo en su capital, también llamada Arábiga. El rey ya tenía dispuestas sus tropas, unos 12.000 soldados. Todos juntos parten hacia Sansueña.  Llegan a Califán, importante villa de Sansueña, donde se avituallan y se suman a las tropas de Barsiñán. Tras escasos días de descanso, se dirigen a Gran Bretaña, al encuentro de Arcaláus. Éste posee un inexpugnable castillo con puerto de mar. Arcaláus ha reunido a 600 caballeros que odian por igual a Amadís y a Lisuarte. Arcaláus les informa que los dos ejércitos enemigos han iniciado sus movimientos. Su mutuo enfrentamiento es inminente con gran contento de los allí reunidos. Se ponen, a su vez, en marcha. En vanguardia, Barsiñán, con 2000 caballeros y algunos arqueros y ballesteros. Arcaláus comanda el segundo haz, de 600 caballeros. El tercer haz lo dirigen el rey Arábigo y el rey de la Profunda Ínsula. Con ellos van los seis caballeros, parientes de Brotajar Danfanía, muerto por Amadís en la Batalla de los Siete reyes. Estos seis caballeros vienen de la isla Sagitaria, de donde provienen los Sagitarios (¿Centauros?). Vienen para vengar la muerte de su mejor y más famoso caballero. El Duque de Bristoya también se apunta a la aventura, pero solo cuando descubre el numeroso ejercito que Arcaláus ha reunido. Lo hace para vengar la muerte de su padre causada por Galvanes, Agrajes y Olivas y para recobrar sus tierras. El rey Arábigo lo acepta por conveniencia. Necesita a alguien conocedor de las tierras británicas. El Duque posee algunos castillos y villas  que les servirán de apoyo logístico. Le conceden al Duque el mando de 500 caballeros.
De esta forma el ejercito se pone en marcha con sigilo, para aguardar acontecimientos y actuar cuando la situación les sea propicia.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Libro IV, Capítulo 107 (2 de 2)

Perión habla con Cuadragante: le encomienda la vanguardia de su ejército. 1500 hombres de Perión junto con los 500 caballeros irlandeses irán comandados por Cuadragante. Le acompañarán Amadís, Angriote, Gavarte del Val Temeroso, Enil, Balais de Cascante y Landín. Agrajes dirigirá en el segundo haz formado por 1600 caballeros aportados por el propio Agrajes y Bruneo de Bonamar. Además de éste último le acompañará Branfil, hermano de Bruneo. Grasandor estará al frente del tercer haz de 2000 caballeros (hombres de Bohemia, Sobradisa y los que trajo Trión). Le acompañarán Florestán, Dragonís, Landín de Fajarque y Elián el Lozano.
Brián de Monjaste, sobrino de Perión, comandará el cuarto haz, con los 5000 caballeros españoles que envía su padre. Junto a él cabalgaran Mancián de la Puente de Plata, Sadamón y Urlandín (hijo del Conde Urlanda). Gandales dirigirá un quinto haz de 1000 caballeros que servirá de apoyo al resto de haces.
Perión, acompañado por Gastiles, dirigirá a resto de caballeros y a los hombres de Constantinopla.
Las maniobras se desarrollan con normalidad, con gran estrépito de trompetas y atabales. Oriana y el resto de las damas las contemplan y ruegan a Dios por sus valedores.
[También aquí las cifras varían según la fuente revisada. El reparto queda así: Cuadragante, 3000 (1500 de Perión y 500 irlandeses); Agrajes y Branfil, 1600 (??, aunque Agrajes aportaba 1500 y Branfil 600); Grasandor con los hombres de Bohemia y Sobradisa, 2700; Brian, 5000 (sus 2000 españoles y 3000 de Constantinopla); Gandales, 1000 caballeros de Gaula; Perión con Gastiles, 5500 (500 caballeros de Perión y 5000 de Constantinopla)]
.........................................
Dejemos a nuestros héroes ejercitándose y veamos que hace su archienemigo, Arcaláus el Encantador...

jueves, 9 de septiembre de 2010

Libro IV, Capítulo 107 (1 de 2)

Perión, hombre sensato y celoso guardián de su honra, había sido puesto en la tesitura de defender a su hijo del ataque de Lisuarte. Sabía que Lisuarte era un hombre enconado en sus venganzas. Por tanto, dispuso de agentes secretos que le informaran de los movimientos de las tropas enemigas.
Además se reunió con sus capitanes y los caballeros da más linaje para que todos juntos se ejercitaran con las tropas, como preparación al gran combate que se avecinaba. Todos los hombres lo hicieron gustosos conocedores de estar dirigidos por un gran general
Dieron comienzo las maniobras. El real fue levantado. Perión cabalgaba en medio de su ejercito flanqueado por tres escuderos armados y diez pajes a caballo. Perión ya era mayor, de pelo y barba canos y rostro rubicundo por el esfuerzo y la emoción de la inminente batalla. Su entusiasmo se contagiaba a sus hombres y les infundía valor y confianza.

martes, 7 de septiembre de 2010

Libro IV, Capítulo 106 (4 de 4)

Pasan 15 días de alardes y concentración de fuerzas: 10.000 caballeros romanos, 1500 de Lisuarte, 800 de Gasquilán de Suecia y 200 del rey Cildadán.
Se inicia el movimiento de fuerzas. Patín separa el ejercito en tres haces: la primera, al mando de Floyán, hermano de Salustanquidio, de 2500 caballeros. La segunda, de igual número, dirigida por Arquisil. La tercera, con 5000, en retaguardia y a su mando. Al rey Lisuarte le pide que marche en vanguardia junto a sus hombres. Lisuarte los divide en dos haces: la primera, de 2000 caballeros, comandada por Arbán de Norgales, quien irá acompañado por Norandel, Guilán, Cendil de Ganota y Brandoibás. La otra, al mando de Gasquilán y Cildadán, con los 3000 hombres que aportaban más 1000 más cedidos por Lisuarte. Grumedán será quien custodie el estandarte, aunque siga lamentando que su señor haya trocado a sus antaño caballeros, ahora enemigos, por los poco fiables actuales aliados.
[Aquí bailan un poco las cifras. Queda claro que los romanos son 10.000, pero Lisuarte tenía 1500 y en el párrafo siguiente tiene 3000. Y Gasquilán y Cildadán tenían 1000 ( 800+200) y seis líneas más abajo son 3000.]
[Bueno, para aclarar las cosas (o liarlas más, nunca se sabe) he consultado otras fuentes. Tras una exhaustiva revisión bibliográfica (ejem, ejem) las cifras quedan así: Roma envía 10.000, Cildarán 200, Gasquilán 800 y Lisuarte 6500. Y el reparto en haces es: Floyán 2500, Arquisil 2500, Patín 5000, Arbán 3000 (de Lisuarte), Cildarán 1000 (800+200) y Lisuarte 3500(los que restan)]

lunes, 6 de septiembre de 2010

Libro IV, Capítulo 106 (3 de 4)

Te preguntarás, amable lector, por qué dedicamos tanto tiempo a explicar las desventuras de Arquisil, caballero de poco bagaje caballeresco por lo que sabemos de él hasta ahora. Te avanzo, aunque esto destripe el argumento, que Arquisil llegará a ser Emperador de Roma y que durante toda su vida querrá a Amadís como su hermano y lo considerará el artífice de su llegada al trono imperial.
Arquisil regresa al campamento romano sin novedad. No se tropieza con ningún caballero andante con ganas de pelea. Todos están concentrándose en uno u otro bando para el gran combate que se avecina y no están para aventurillas individuales. Una vez en el campamento, Arquisil se guarda de revelar lo que ha visto en el campamento insulofirmeño. Se reune con Patín y le cuenta que sus enemigos son numerosos y de gran calidad. A Patín, que aprecia a Arquisil y confía su criterio, se le desinfla su ardor guerrero. Hasta ahora pensaba que se enfrentaba a una empresa fácil: con sus hombres y los de Lisuarte pensaba cercar la Ínsula Firme y obtener una victoria sin esfuerzo... Ahora ya no lo tiene tan claro.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Libro IV, Capítulo 106 (2 de 4)

El rey Lisuarte, que aprecia a Enil, viendo el cariz que toman los acontecimientos y para evitar las represalias de Patín, toma a Enil de la mano y lo lleva a su tienda para que descanse, cene y esté protegido. Patín se retira sañudo. Arquisil, acompañado de Enil, va a su tienda y recoge sus cosas, se arma y junto a Enil se va del campamento. Llegan a la Ínsula Firme sin novedad. Arquisil se sorprende de las numerosas tropas que ahí acampan ( acababa de llegar el ejercito del Emperador de Constantinopla), pero nada dice que demuestre su asombro. Enil lo conduce ante Amadís, que lo recibe con cordialidad. Durante 4 días, Amadís presenta a Arquisil a cuanto caballero se pone por delante. Arquisil se maravilla ante tal concentración de caballeros de fama bravos y de calidad. Se da cuenta de que se avecina una confrontación que será recordada por los siglos de los siglos, que Patín va a necesitar a sus mejores hombres para salir airoso de este enfrentamiento y que él mismo se va a perder la ocasión de su vida y de su carrera caballeresca. Esta última idea le apesadumbra. Decide tentar las intenciones de Amadís. Lo encuentra en la tienda del rey Perión, reunido con otros caballeros. Arquisil pide permiso para hablar y Perión se lo concede. Arquisdil cuenta como luchó contra Amadís y como fue vencido. Cuenta como le perdonó la vida con nobleza y como quedó obligado a él. Ahora está ahí cumpliendo esa obligación. Arquisil le ruega a Amadís, apelando a su nobleza, que le permita participar en la inminente batalla y servir como es debido a su señor, Patín. Luego, si sobrevive, Arquisil se compromete a regresar y ponerse a disposición de Amadís. Éste acepta su propuesta y le permite volver con Patín.

lunes, 30 de agosto de 2010

Libro IV, Capítulo 106 (1 de 4)

Giontes, tras su encuentro con Grasandor, llega a Roma. Allí apresuran los preparativos y la flota romana, armada y pertrechada, zarpa presta hacia Gran Bretaña. La expedición romana arriba sin novedad a las cercanías de Vindilisora. Lisuarte, junto al rey Cildadán, sale a recibir a sus aliados. Los aposenta para que descansen de tan agotadora travesía. Patín está ansioso por combatir, pero Lisuarte sabe cuan necesario es el descanso para la tropa. Descansan ocho días.
Durante ese tiempo, el Emperador y otros caballeros, entre los que está Arquisil, su primo, han salido una mañana a pasear a caballo. Ven llegar a un caballero y a su escudero. Es Enil, sobrino de Gandales. Enil saluda al grupo. Le preguntan que quiere. Enil se presenta como emisario de Amadís, Señor de la Ínsula Firme. Viene en busca de Arquisil. Éste se da a conocer y le pregunta que quiere de él. Enil le recuerda que Amadís, con el sobrenombre de Caballero de la Verde Espada, se enfrentó a Garadán y a otros once caballeros durante el conflicto entre Roma y Bohemia. Amadís los venció. Uno de los vencidos fue Arquisil. Amadís le perdonó la vida con la condición de que quedara a su disposición en cuanto se lo reclamara. Ese momento ha llegado y Amadís espera que Arquisil cumpla con su obligación. Arquisil reconoce que está en deuda con Amadís y le pide permiso al Emperador de Roma para abandonar su puesto, ya que no puede combatir contra él. Patín, de carácter explosivo, le dice a Enil que pronto expulsará a patadas a Amadís de esa cueva de ladrones que es la Ínsula Firme, donde se esconde. A Arquisil le permite que se retire y le promete que pronto le liberará de esa obligación a la que está sometido. Enil, sañudo y sin temor, responde que Amadís ya conoce a Patín. Que de aquel encuentro caballeril, el Emperador no salió tan bien librado. Y lo que le espera va a ser tanto o más difícil que ese primer combate.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Libro IV, Capítulo 105 (4 de 4)

Briolanja le ordena a Trión que se ponga a disposición de Amadís. Trión obedece con presteza. El resto de la concurrencia, damas y caballeros, alaban la belleza, el buen juicio y la clemencia de la reina. Perión se despide de las damas. Briolanja le encarga a Agrajes que presente a Trión a Amadís y le cuente su historia.
Perión llega al real al mismo tiempo que Balais de Cascante que viene acompañado de veinte caballeros. Balais fue uno de los caballeros liberados por Amadís del castillo de Arcaláus. Fue quien decapitó a la doncella que tan arteramente enfrentó a Amadís con Galaor. Balais informa de que Lisuarte está acampado cerca de Vindilisora con casi seis mil caballeros y numerosos soldados de a pie. Ya ha llegado la gran flota romana y también Gasquilán de Suecia con 800 caballeros y el rey Cildarán con 200 más. Balais cree que no se moverán en 15 días porque los romanos han llegado muy fatigados tras la larga travesía marítima. Balais sabe todas estas noticias porque posee un castillo próximo a Vindilisora, y su gente le informa cumplidamente de lo que acaece en sus cercanías.
Al día siguiente llega Helisabad con 500 caballeros y arqueros. Amadís lo recibe junto a Angriote y Bruneo. Los aposentan en el real. Libeo, sobrino de Helisabad, comanda las tropas. Llevan a Helisabad ante Perión. Amadís se lo presenta a su padre. Perión le agradece que sanara a su hijo tras el combate contra el Endriago. Helisabad trae noticias: Patín zarpó de Roma al mando de diez mil caballeros y Gastiles, sobrino del Emperador de Constantinopla, llegará con 8000 caballeros a la Ínsula Firme en unos tres días.

martes, 24 de agosto de 2010

Libro IV, Capítulo 105 (3 de 4)

Mientras Perión habla con Oriana, Grasandor y Agrajes hacen lo mismo con Sardamira, Briolanja, Olinda y el resto de las damas. Grasandor se maravilla de la belleza de Oriana y de las otras mujeres, pero queda prendado de Mabilia nada más verla. Y se enamora. Grasandor es un joven caballero que apenas ha salido de Bohemia. Le pide a Agrajes informes sobre las damas, en especial de Mabilia. Agrajes le cuenta sonriendo que se trata de su propia hermana, la mujer de mejor talante que conoce y la más digna de ser amada. Grasandor calla íntimamente arrebolado.
Briolanja le dice a Agrajes que quiere hablar con él y con Cuadragante y Brian. Agrajes envía a un sirviente en busca de los dos caballeros. Cuando llegan, los tres se reunen con Briolanja. La reina les pide consejo sobre el destino de Trión, hijo del usurpador Abiseos. Por un lado, cree que merece un castigo por su traición, pero por otro, Briolanja se siente obligado a protegerle, quizás porque ha sido mal aconsejado desde su infancia. Brian le recomienda clemencia. Los otros dos están de acuerdo. Briolanja hace traer a Trión, que llega humilde y pacífico. Briolanja le recuerda la traición de su padre y la que él mismo ha cometido. Por otro lado, ella dice que tiene en cuenta su inexperta juventud, los malos consejeros que ha sufrido y los lazos de sangre (Briolanja y Trión son primos). La reina, antes de tomar una decisión sobre él, quiere saber cuales son sus intenciones. Trión reconoce que ella es la legítima reina de Sobradisa y le pide perdón por su alevosa traición. Se ofrece para ser su más leal vasallo. Briolanja le perdona y le deja libre. Trión se hinca de rodillas y le besa las manos. De ahora en adelante, será el caballero más leal a Briolanja de toda Sobradisa.

martes, 10 de agosto de 2010

Libro IV, Capítulo 105 (2 de 4)

El rey Perión es quien llega primero, por cercanía y premura. Es recibido con manifestaciones de alegría. Toda la Ínsula Firme le homenajea a su llegada.
Oriana está triste. Maldice esta discordia que enfrenta a su padre con su amado. Las señoras que la acompañan intentan consolarla y distraerla. La suben a una alta torre del castillo y le muestran el despliegue de tropas en la explanada que hay frente a la fortificación. Mabilia le pregunta si no cree que tiene al mejor amigo y servidor del mundo. Oriana contesta que está en una cruel disyuntiva entre el amor de su vida y su padre, a quien ama a pesar de la injusticia que con ella cometió. Teme perder a alguno de los dos y de ahí su tristeza.
Oriana llora y Mabilia la intenta consolar. Al rato, se retiran a sus habitaciones.
Perión, acompañado de Grasandor y Agrajes, quiere visitar a Oriana. Le solicita audiencia. Oriana le recibe acompañada del resto de las damas. Se saludan con cordial cortesía. Perión saluda también al resto de damas. Mabilia quiere arrodillarse ante él, pero el rey se lo impide y la abraza con cariño. Le dice a su sobrina que pronto llegará Gandalín con su hija Melicia para acompañarlas. Mabilia se alegra por la inminente llegada de su prima. Oriana también tiene ganas de conocerla.
Perión le dice a Oriana que ha venido a servirla y que mucho se extraña de la actitud de Lisuarte y de su empecinamiento en una decisión palmariamente errónea. Oriana señala que Perión se merece la fama que tiene en el mundo entero de hombre preclaro, y que es un digno padre de tan dignos hijos. Le pide que si hay una mínima posibilidad de mediar ante su padre para evitar el conflicto, que interceda. Perión se lo promete aunque piensa que ya es demasiado tarde. Oriana le agradece su intención.

lunes, 9 de agosto de 2010

Libro IV, Capítulo 105 (1 de 4)

Grasandor parte en una fusta hacia la Ínsula Firme con veinte caballeros escogidos. Durante la travesía, una noche se topa con la nave de Giontes que va hacia Roma por mandato de Lisuarte. Grasandor aborda la nave que va sin protección y apresa a Giontes. Le interroga: Giontes le dice que s caballero del rey Lisuarte y le pide que le deje libre para poder cumplir con la misión que le ha encomendado su rey. Grasandor, aunque van a ser próximos adversarios, le promete la libertad si se identifica y explica su misión. Giontes le cuenta todo y Grasandor le deja marchar libremente.
Cada uno retoma su rumbo. Grasandor envía un mensajero a su padre, el rey Tafinor, para que le cuente la misión de Giontes en Roma y para que acelere el envío de tropas a la Ínsula Firme al mando del conde Galtines.
Grasandor llega a la Ínsula Firme. Es recibido por Amadís, Cuadragante y Agrajes, con gran alegría. Grasandor dice que viene en compensación a los grandes favores que Amadís le hizo al reino de Bohemia. Les cuenta su encuentro con Giontes y su misión en Roma. Y de como ha avisado a su padre para que acelere en envío de tropas de refuerzo y lleguen antes que los romanos.
Amadís aposenta a Grasandor y a sus hombres.
Todos los caballeros de la Ínsula Firme pasan a visitarle y honrarle. Grasandor les recibe enorgullecido de tanta atención por gente de tanta valía.
Conocido el informe de Grasandor, los caballeros de la Ínsula Firme deciden avisar al resto de aliados para que también aceleren su llegada. Así, el rey Perión llega con 3000 caballeros; el rey Tafinor envía 1500 caballeros; Tantiles, 1200; Branfil, el hermano de Bruneo, llega con 600; Landín, sobrino de Cuadragante, con 600 caballeros irlandeses; el rey Ladasán de España envía 2000 caballeros; Gandales trae 1500 caballeros escoceses enviados por el rey Languines, padre de Agrajes; Gastiles, sobrino del Emperador de Constantinopla, llega con 8000 caballeros.

jueves, 5 de agosto de 2010

Libro IV, Capítulo 104 (2 de 2)

Guilán llega a Gran Bretaña y le cuenta a Lisuarte como le han ido sus gestiones. Le transmite sus dudas sobre la capacidad de Patín y de sus hombres. Lisuarte responde que él confía en Guilán para que comande sus tropas y las de los romanos y así suplir la incapacidad de los aliados.
Lisuarte se entera que Amadís se ha aliado con el Emperador de Constantinopla, el rey Perión y el rey Tafinor. También descubre que el rey Arábigo y Barsiñán hijo preparan un gran ejercito aunque todavía no se sabe con que intenciones.
Llega Brandoibás de Irlanda: el rey Cildadán enviará tropas en apoyo de Lisuarte. Galvanes Sin Tierra envía un mensaje. Le suplica a Lisuarte que no le fuerze a luchar contra Amadís y contra su sobrino Agrajes. Está dispuesto a renunciar a la Ínsula Mongaza si Lisuarte se empeña en mantener el vasallaje. Lisuarte reconoce que es una obligación desmedida y permite que Galvanes se inhiba y que conserve la Ínsula Mongaza. Ya habrán otras ocasiones para cumplir con su vasallaje.
lega Filispinel con buenas nuevas: El rey Gasquilán de Suecia les apoya y enviará fuerzas.
Lisuarte envía a su sobrino Giontes a Roma con un mensaje para Patín: concentrará sus fuerzas cerca de Vindilisora. Allí aguardará al ejercito de Patín y al resto de aliados para emprender juntos la campaña contra la Ínsula Firme.
Giontes parte hacia Roma.

martes, 3 de agosto de 2010

Libro IV, Capítulo 104 (1 de 2)

Guilán, tras veinte días de travesía, llega a Roma. Patín le recibe con gran despliegue de fasto y alharacas. El Emperador esperaba recibir a su prometida Oriana escoltada por su primo Salustanquidio. Hace ya un tiempo que recibió una carta de Salustanquidio anunciado su pronta llegada y ya se estaba impacientando por su tardanza. Patín reconoce a Guilán. Lo había visto en la corte de Lisuarte cuando visitó la Gran Bretaña. Le pregunta, confiado, donde ha dejado a Oriana y Salustanquidio. Guilán le presenta la carta de creencia de Lisuarte y le cuenta lo sucedido: la partida de la expedición romana, el ataque de los caballeros de la Ínsula Firme, la muerte de Salustanquidio, la captura de Brojandel, el Arzobispo de Talancia, el Duque de Ancona....y Oriana conducida con Sardamira a la Ínsula Firme. El rey Lisuarte no ha querido emprender una acción de rescate hasta saber lo que Patín quiere hacer. El Emperador queda abrumado aunque acierta a contestar que es a él a quien corresponde responder a esta afrenta. Guilán ofrece las fuerzas de Lisuarte para una acción conjunta.
Guilán parte de regreso a Gran Bretaña. No está contento. Patín le transmite una pobre impresión: cree que es un hombre desconcertado y de frágil voluntad. La ineptitud del jefe será fácil encontrarla entre los que manda. Un aliado así solo puede traer mengua y deshonra para el rey Lisuarte. Todo el camino de vuelta va lamentado que los errores de Lisuarte hayan conducido a la pérdida de unos caballeros tan valiosos como Amadís y sus amigos y que ahora los tengan como adversarios.