Mientras cabalgan por las calles de la villa, ven venir a Esplandián y a Ambor, el hijo de Angriote. Esplandián lleva un gavilán y monta un rico palafrén regalo de la reina Brisena. Cuando llegan ante los caballeros de la Ínsula Firme, les saludan cortésmente. Brian pregunta por el joven. Grumedán le dice que se llama Esplandián y que Urganda la Desconocida ha profetizado grandes cosas sobre él. Cuadragante ya tenía noticias del doncel. Le pide a Grumedán que lo llame para hablar con él. Grumedán le llama y le presenta a los caballeros como compañeros del Caballero Griego. Esplandián expresa su deseo de saber noticias del Caballero Griego. Cuadragante le dice que pronto lo van a ver y que su verdadero nombre es Amadís. "¿El famoso Amadís?", pregunta Esplandián. "El mismo", responde Cuadragante. Esplandián elogia el valor, la nobleza y la cortesía de Amadís, el Caballero Griego. Los caballeros insulofirmeños se despiden del joven, recomendándole que crezca en nobleza y bondad. Grumedán se despide de ellos y retorna a la villa con Esplandián. Brian y Cuadragante embarcan y vuelven a la Ínsula Firme.
miércoles, 23 de junio de 2010
lunes, 21 de junio de 2010
Libro IV, Capítulo 95 (2 de 3)
Cuadragante y Brian salen de la nave ricamente ataviados y con sus mejores armas. Tardan tres días en llegar ante Lisuarte. La gente los ve pasar y los maldicen por haber traicionado al rey Lisuarte. Sin embargo, otros más sabedores del asunto, culpan al rey por haberse dejado aconsejar por hombres envidiosos y malvados. Llegan a la corte, se presentan ante el rey y lo saludan con cortesía. Lisuarte les recibe con amabilidad. Cuadragante le elogia por permitir su visita. Le cuenta que viene enviado por Amadís y los caballeros insulofirmeños. Le reprocha que haya desheredado a su hija mayor y se la haya entregado a los romanos. Los caballeros de la Ínsula Firme decidieron rescatar a la princesa. De ahí, el asalto y posterior derrota de la flota romana. Oriana y sus doncellas están en la Ínsula Firme donde han sido acogidas con la mayor hospitalidad, reverencia y devoción. Le pide al rey que restituya a su hija en sus derechos al trono y que perdone a los caballeros de la Ínsula Firme.
El rey responde con dureza: no hay gloria en asaltar a unos romanos que viajaban sin recelo ni especial defensa. Los caballeros de la Ínsula Firme no son quienes para rectificar una decisión que ha tomado un rey cuya autoridad proviene directamente de Dios.
Brian responde que solo han de responder por sus actos ante su propia honra y ante Dios.
Se despiden del rey y salen. Grumedán les acompaña hasta las puertas de la villa. Grumedán les dice que confiaba en la reconciliación de Lisuarte con los caballeros insulofirmeños, pues conoce la nobleza y discreción de ambas partes. Pero ahora, tras la entrevista, cree que esa reconciliación está más lejos que nunca. Les pregunta por Amadís, cómo se encuentra y que ha sido de su vida...
Brian dice que Lisuarte ha cometido una gran injusticia con su hija y que los caballeros de la Ínsula Firme solo han querido repararla. Y si el rey no se aviene a razones, se va a meter en un conflicto del que va a salir malparado. Le desvela que el Caballero Griego era en realidad Amadís, con gran sorpresa de Grumedán. Les pregunta por los dos caballeros que le cedió el Griego para que le ayudaran en su disputa contra los romanos. Brian responde riendo que eran Angriote y Bruneo. Grumedán entiende que la fácil victoria obtenida se debe a la gran calidad de los dos caballeros que le flanqueaban. Cuadragante afirma que Grumedán se hubiera bastado solo para acabar con los romanos. Grumedán expresa sus simpatías por los caballeros insulofirmeños y que está dispuesto a favorecer una solución al conflicto.
El rey responde con dureza: no hay gloria en asaltar a unos romanos que viajaban sin recelo ni especial defensa. Los caballeros de la Ínsula Firme no son quienes para rectificar una decisión que ha tomado un rey cuya autoridad proviene directamente de Dios.
Brian responde que solo han de responder por sus actos ante su propia honra y ante Dios.
Se despiden del rey y salen. Grumedán les acompaña hasta las puertas de la villa. Grumedán les dice que confiaba en la reconciliación de Lisuarte con los caballeros insulofirmeños, pues conoce la nobleza y discreción de ambas partes. Pero ahora, tras la entrevista, cree que esa reconciliación está más lejos que nunca. Les pregunta por Amadís, cómo se encuentra y que ha sido de su vida...
Brian dice que Lisuarte ha cometido una gran injusticia con su hija y que los caballeros de la Ínsula Firme solo han querido repararla. Y si el rey no se aviene a razones, se va a meter en un conflicto del que va a salir malparado. Le desvela que el Caballero Griego era en realidad Amadís, con gran sorpresa de Grumedán. Les pregunta por los dos caballeros que le cedió el Griego para que le ayudaran en su disputa contra los romanos. Brian responde riendo que eran Angriote y Bruneo. Grumedán entiende que la fácil victoria obtenida se debe a la gran calidad de los dos caballeros que le flanqueaban. Cuadragante afirma que Grumedán se hubiera bastado solo para acabar con los romanos. Grumedán expresa sus simpatías por los caballeros insulofirmeños y que está dispuesto a favorecer una solución al conflicto.
viernes, 18 de junio de 2010
Libro IV, Capítulo 95 (1 de 3)
Carta de Oriana a su madre: Le habla de cuán desgraciada se sintió por cumplir los deseos de su padre, tanto que deseó la muerte. Le cuenta como fue liberada por los caballeros de la Ínsula Firme y de lo honestamente que ha sido acogida en la isla. Le escribe que varios caballeros de la Ínsula Firme se dirigen hacia la corte de Lisuarte en misión diplomática. Oriana le pide a su madre que interceda por ellos ante su padre.
La reina Brisena decide hablar con su marido y enviar una respuesta con el resultado de sus gestiones por medio de Durín. Lisuarte visita a su esposa en sus aposentos. Brisena se arroja a sus pies, hincada de rodillas, y llorando le muestra la carta de su hija. Tras leerla, Lisuarte le dice que recibirá a la delegación insulofirmeña y escuchará sus razones. Brisena envía un mensaje por medio de Durín: hasta que los caballeros de la Ínsula Firme no lleguen ante Lisuarte no sabrán por qué derroteros irá, si habrá o no concordia. Mientras tanto, le implora a su hija que se comporte como la princesa real que es. Durín regresa a la Ínsula Firme sin noticias halagüeñas.
Una mañana, Lisuarte, tras oír la misa matutina acompañado de sus ricoshombres, recibe la visita de un escudero que trae una carta credencial que entrega al rey. Lisuarte le pregunta quien es su amo. El escudero responde que son Cuadragante y Brian de Monjaste, que han llegado desde la Ínsula Firme por mandato de Amadís. Desean saber si serán recibidos por el rey. Tras meditarlo unos minutos, Lisuarte le responde que la delegación insulofirmeña será recibida y escuchadas sus alegaciones. El mensajero vuelve a su nave con la repuesta real.
La reina Brisena decide hablar con su marido y enviar una respuesta con el resultado de sus gestiones por medio de Durín. Lisuarte visita a su esposa en sus aposentos. Brisena se arroja a sus pies, hincada de rodillas, y llorando le muestra la carta de su hija. Tras leerla, Lisuarte le dice que recibirá a la delegación insulofirmeña y escuchará sus razones. Brisena envía un mensaje por medio de Durín: hasta que los caballeros de la Ínsula Firme no lleguen ante Lisuarte no sabrán por qué derroteros irá, si habrá o no concordia. Mientras tanto, le implora a su hija que se comporte como la princesa real que es. Durín regresa a la Ínsula Firme sin noticias halagüeñas.
Una mañana, Lisuarte, tras oír la misa matutina acompañado de sus ricoshombres, recibe la visita de un escudero que trae una carta credencial que entrega al rey. Lisuarte le pregunta quien es su amo. El escudero responde que son Cuadragante y Brian de Monjaste, que han llegado desde la Ínsula Firme por mandato de Amadís. Desean saber si serán recibidos por el rey. Tras meditarlo unos minutos, Lisuarte le responde que la delegación insulofirmeña será recibida y escuchadas sus alegaciones. El mensajero vuelve a su nave con la repuesta real.
domingo, 13 de junio de 2010
Libro IV, Capítulo 94
Retrocedemos en el tiempo y vemos que ha ocurrido con Lisuarte: El rey acompaña a su hija hasta los barcos romanos. Oriana está triste y Lisuarte intenta consolarla aunque se mantiene firme en su decisión. Se la encomienda a Salustanquidio y Brojandel y vuelve a su palacio. Allí reina la melancolía: nadie por los pasillos, ni damas ni caballeros. Brandoibás le dice que la reina está llorando en sus aposentos. El rey va en su busca. Cuando Brisena lo ve llegar, se desmaya de la emoción y el disgusto. El rey la coge en brazos y la reanima, aunque luego le reprocha su tristeza, ya que ha convertido a su hija en una de las mujeres más eminentes del mundo.
El rey camina por el palacio. No encuentra a nadie salvo a Arbán y Grumedán, tristes por la marcha de Oriana. El rey, en el fondo acongojado, decide preparar una cacería que le alivie de la melancolía. Al día siguiente se dispone a salir con Arbán cuando se tropieza con algunos romanos supervivientes de la Batalla naval contra la Ínsula Firme que acaban de llegar a la costa. Lisuarte expresa sus condolencias por la muerte de Salustanquidio y se ofrece a ayudarles a liberar a sus compañeros prisioneros y vengar la afrenta. Los manda a la villa junto a la reina pero les pide que no revelen las malas nuevas. Luego, continúa con su cacería durante tres días más. Regresa con la cara alegre pero con el corazón compungido. Visita a su esposa que lo recibe de buena cara. Lisuarte le cuenta como Amadís ha derrotado a los romanos, ha destruido la flota romana y se ha apoderado de Oriana. Lisuarte le dice que está obligado a tomar represalias.
La reina intenta atemperar: ya que su hija había sido entregada en custodia a los romanos, son éstos quienes deben tomar la iniciativa en la venganza. Pero Lisuarte mantiene su decisión y se va. Se reune con Arbán, Grumedán y Guilán. Les cuenta lo sucedido y les pide consejo. Durante varios días medita lo que va a hacer.
La reina recibe la visita de Durín, el hermano de la Doncella de Dinamarca, recién llegado de la Ínsula Firme. Trae una carta de Oriana que le anticipa la llegada de Brian y Cuadragante, y le pide a su madre que interceda ante el rey para que los reciba favorablemente. La reina lee la carta y llora desconsolada.
El rey camina por el palacio. No encuentra a nadie salvo a Arbán y Grumedán, tristes por la marcha de Oriana. El rey, en el fondo acongojado, decide preparar una cacería que le alivie de la melancolía. Al día siguiente se dispone a salir con Arbán cuando se tropieza con algunos romanos supervivientes de la Batalla naval contra la Ínsula Firme que acaban de llegar a la costa. Lisuarte expresa sus condolencias por la muerte de Salustanquidio y se ofrece a ayudarles a liberar a sus compañeros prisioneros y vengar la afrenta. Los manda a la villa junto a la reina pero les pide que no revelen las malas nuevas. Luego, continúa con su cacería durante tres días más. Regresa con la cara alegre pero con el corazón compungido. Visita a su esposa que lo recibe de buena cara. Lisuarte le cuenta como Amadís ha derrotado a los romanos, ha destruido la flota romana y se ha apoderado de Oriana. Lisuarte le dice que está obligado a tomar represalias.
La reina intenta atemperar: ya que su hija había sido entregada en custodia a los romanos, son éstos quienes deben tomar la iniciativa en la venganza. Pero Lisuarte mantiene su decisión y se va. Se reune con Arbán, Grumedán y Guilán. Les cuenta lo sucedido y les pide consejo. Durante varios días medita lo que va a hacer.
La reina recibe la visita de Durín, el hermano de la Doncella de Dinamarca, recién llegado de la Ínsula Firme. Trae una carta de Oriana que le anticipa la llegada de Brian y Cuadragante, y le pide a su madre que interceda ante el rey para que los reciba favorablemente. La reina lee la carta y llora desconsolada.
viernes, 11 de junio de 2010
Libro IV, Capítulo 93
Llegan los caballeros y se reparten entre las damas. Amadís dispone que Brian y Cuadragante vayan con Oriana, él mismo con Mabilia, Agrajes con Olinda, Florestán con la reina Sardamira, Bruneo y Angriote con Grasinda,...y el resto de caballeros con el resto de las damas. Todos conversan largamente.
Mabilia le dice a Amadís que haga venir a Gandalín: quiere darle unas últimas instrucciones y más mensajes para Perión, su madre y su hermano. Cuando Gandalín acaba con Mabilia, Amadís lo envía junto a Oriana. Ella también tiene mensajes que quiere que le lleve el escudero.
Oriana acerca a Brian al resto de las damas. Se guasea amablemente de él, pero Brian aguanta la broma con donosura.
Por fin, en un aparte, Oriana y Amadís se encuentran y hablan de su amor y de sus deseos. Luego, Oriana lo envía junto a Mabilia. Ésta le desvela el embarazo, el parto, el extravío y crianza de Esplandián, su hijo, que vive ahora en la corte de Lisuarte. Amadís ya tenía referencias de Esplandián gracias a Angriote. Al conocer que se trata de su hijo, se alegra enormemente. Habla con largeza con Mabilia.
Gandalín, por fin, parte para la Gaula.
Damas y caballeros quedan en la Ínsula Firme, solazándose con los ingenios y maravillas creados por Apolidón y que salpican la isla.
El siguiente capítulo habla de Lisuarte, de todo lo que le acaeció durante todo este tiempo.
Mabilia le dice a Amadís que haga venir a Gandalín: quiere darle unas últimas instrucciones y más mensajes para Perión, su madre y su hermano. Cuando Gandalín acaba con Mabilia, Amadís lo envía junto a Oriana. Ella también tiene mensajes que quiere que le lleve el escudero.
Oriana acerca a Brian al resto de las damas. Se guasea amablemente de él, pero Brian aguanta la broma con donosura.
Por fin, en un aparte, Oriana y Amadís se encuentran y hablan de su amor y de sus deseos. Luego, Oriana lo envía junto a Mabilia. Ésta le desvela el embarazo, el parto, el extravío y crianza de Esplandián, su hijo, que vive ahora en la corte de Lisuarte. Amadís ya tenía referencias de Esplandián gracias a Angriote. Al conocer que se trata de su hijo, se alegra enormemente. Habla con largeza con Mabilia.
Gandalín, por fin, parte para la Gaula.
Damas y caballeros quedan en la Ínsula Firme, solazándose con los ingenios y maravillas creados por Apolidón y que salpican la isla.
El siguiente capítulo habla de Lisuarte, de todo lo que le acaeció durante todo este tiempo.
jueves, 10 de junio de 2010
Libro IV, Capítulo 92
Gandalín, antes de partir a la Gaula, visita a Mabilia por indicación de Amadís. Ella lo recibe en presencia de Oriana. Le dan cartas para Perión, la reina, Melicia,... Gandalín vuelve con Amadís por indicación de Oriana. Amadís lo envía a Agrajes. Agrajes lo vuelve a enviar junto a las damas...
Después de tanta ida y venida (con un Gandalín, suponemos que mareado y hasta las narices) , Agrajes decide animar a Oriana, supuestamente melancólica, y organiza una visita de los caballeros más bizarros y apuestos de la Ínsula Firme a la Torre de las Damas.
Después de tanta ida y venida (con un Gandalín, suponemos que mareado y hasta las narices) , Agrajes decide animar a Oriana, supuestamente melancólica, y organiza una visita de los caballeros más bizarros y apuestos de la Ínsula Firme a la Torre de las Damas.
Libro IV, Capítulo 91
Amadís envía a Ysanjo, caballero muy honrado de la Ínsula Firme, a Bohemia, con una carta para el rey Tafinor, pidiendo ayuda para su causa.
Libro IV, Capítulo 90
Cuadragante habla con Landín, su sobrino. Lo envía a Irlanda para que hable con la reina, también sobrina de Cuadragante, a espaldas del rey Cildarán (fiel aliado de Lisuarte). Le pide ayuda para formar una flota que esté preparada para ayudar a los de la Ínsula Firme.
Bruneo de Bonamar envía a su escudero Lasindo en busca de su padre, el marqués, y de su hermano Branfil, para que vayan reclutando soldados para formar un ejercito. Bruneo lo hace con gusto para ayudar a Amadís, pero más aún por complacer a Melicia, su amada.
Bruneo de Bonamar envía a su escudero Lasindo en busca de su padre, el marqués, y de su hermano Branfil, para que vayan reclutando soldados para formar un ejercito. Bruneo lo hace con gusto para ayudar a Amadís, pero más aún por complacer a Melicia, su amada.
Libro IV, Capítulo 89
Amadís se reune con Tantales, mayordomo de Briolanja. Le pide que vaya a reunirse con su señora y que le pida que se prepare para enviarles ayuda si la necesitaren. Tantales parte presto.
Amadís envía a Gandalín a la Gaula con mensajes para sus padre. A su padre, Perión, le pide que prepare ayuda por si la necesitara. A su madre le pide que permita a Melicia acudir a la Ínsula Firme para que acompañe a Oriana.
Agrajes envía a Gandales a Escocia para solicitar auxilio a su padre, el rey.
Amadís envía a Gandalín a la Gaula con mensajes para sus padre. A su padre, Perión, le pide que prepare ayuda por si la necesitara. A su madre le pide que permita a Melicia acudir a la Ínsula Firme para que acompañe a Oriana.
Agrajes envía a Gandales a Escocia para solicitar auxilio a su padre, el rey.
Libro IV, Capítulo 88
Amadís visita a Grasinda en sus aposentos. Le pregunta si tiene deseos de volver a su tierra. Ella responde que va a enviar a Helisabad para que prepare una flota que esté siempre presta para acudir en ayuda de Amadís. Por su parte, ella prefiere quedarse en la Ínsula Firme y acompañar a Oriana y a las demás damas. Amadís la abraza emocionado y le pide a Helisabad que lleve una carta suya para el Emperador de Constantinopla que, como antiguo rival del Emperador romano, no dudará en enviarle ayuda militar.
Amadís habla con Don Gandales y Oriana. Les dice la voluntad de Grasinda. Oriana acepta su ofrecimiento gustosa.
Amadís escribe la carta para el Emperador de Constantinopla: le dice que ha llegado el momento de cumplir la promesa de ayuda que le brindó antaño.
Helisabad, carta en mano, embarca y parte hacia Constantinopla.
Amadís habla con Don Gandales y Oriana. Les dice la voluntad de Grasinda. Oriana acepta su ofrecimiento gustosa.
Amadís escribe la carta para el Emperador de Constantinopla: le dice que ha llegado el momento de cumplir la promesa de ayuda que le brindó antaño.
Helisabad, carta en mano, embarca y parte hacia Constantinopla.
martes, 8 de junio de 2010
Libro IV, Capítulo 87
¿Por qué tantos y tan dispuestos se ofrecían a Oriana? ¿Por las mercedes de ella recibidas?¿Porque conocían sus amores con Amadís? No, porque todavía no había alcanzado un status tan alto que le permitiera conceder mercedes y sus amores con Amadís se mantenían en total secreto. Era porque su templanza, cortesía y humildad habían cautivados sus voluntades. Porque los grandes que son altivos y desdeñosos son desamados por sus inferiores.
[...]
Oriana habla con Agrajes. Le expresa su confianza en él y cuanto le agradece a su padre que la hubiera acogido en su infancia y por concederle a Mabilia como fiel compañera. Le pide a Agrajes que interceda ante su padre para lograr que desaparezcan las desavenencias con Amadís. Agrajes le contesta que a pesar de los servicios prestados a Lisuarte, no le perdona su falta de agradecimiento tras el asunto de la isla Mongaza, arrebatada por Lisuarte a su tío Galvanes.
[...]
Se reunen con el resto del grupo. Agrajes no le quita ojo a Olinda.
[...][...]
Oriana habla con Agrajes. Le expresa su confianza en él y cuanto le agradece a su padre que la hubiera acogido en su infancia y por concederle a Mabilia como fiel compañera. Le pide a Agrajes que interceda ante su padre para lograr que desaparezcan las desavenencias con Amadís. Agrajes le contesta que a pesar de los servicios prestados a Lisuarte, no le perdona su falta de agradecimiento tras el asunto de la isla Mongaza, arrebatada por Lisuarte a su tío Galvanes.
[...]
Se reunen con el resto del grupo. Agrajes no le quita ojo a Olinda.
Se envían embajadores al rey Lisuarte: Cuadragante y Bruneo.
martes, 1 de junio de 2010
Libro IV, Capítulo 86
Los caballeros están de acuerdo con la proposición de Cuadragante. Así, Amadís pedirá ayuda a su padre, el rey Perión, si la necesitara. Agrajes, a su padre, el rey de Escocia. Bruneo, a su padre, el marqués, y a su hermano Branfil. Y así sucesivamente...
Cuadragante envía a su sobrino Landín a Irlanda para visitar a la reina. Aunque el rey Cildarán, su marido, está obligado a acudir en defensa del rey Lisuarte, ella les favorecerá a ellos.
Llega un caballero armado a las puertas de castillo acompañado de varios escuderos. Es Brian de Mojaste, hijo de Ladasán, rey de España. Brian es muy apreciado por el resto de caballeros por su lealtad y amistad inquebrantables. Brian abraza con emoción a su primo Amadís (la madre de Brian es hermana de Perión) y le dice que en su busca viene. Los caballeros agasajan a Brian y Agrajes le pone al día sobre la disputa con Lisuarte y la custodia de Oriana. Brian aprueba la acción pero pide audiencia a Oriana para ponerse a su servicio. Cuando la ve, le cuenta que regresó a España tras la Guerra de los Siete Reyes para ayudar a su padre en su lucha contra los moros. Allí se enteró de la desaparición de Amadís y había vuelto para encontrarlo. El primer sitio donde miró fue la Ínsula Firme, isla ganada por Amadís, con la suerte de encontrarlo a las primeras de cambio. Brian se ofrece a servir a Oriana y ésta se lo agradece.
Cuadragante envía a su sobrino Landín a Irlanda para visitar a la reina. Aunque el rey Cildarán, su marido, está obligado a acudir en defensa del rey Lisuarte, ella les favorecerá a ellos.
Llega un caballero armado a las puertas de castillo acompañado de varios escuderos. Es Brian de Mojaste, hijo de Ladasán, rey de España. Brian es muy apreciado por el resto de caballeros por su lealtad y amistad inquebrantables. Brian abraza con emoción a su primo Amadís (la madre de Brian es hermana de Perión) y le dice que en su busca viene. Los caballeros agasajan a Brian y Agrajes le pone al día sobre la disputa con Lisuarte y la custodia de Oriana. Brian aprueba la acción pero pide audiencia a Oriana para ponerse a su servicio. Cuando la ve, le cuenta que regresó a España tras la Guerra de los Siete Reyes para ayudar a su padre en su lucha contra los moros. Allí se enteró de la desaparición de Amadís y había vuelto para encontrarlo. El primer sitio donde miró fue la Ínsula Firme, isla ganada por Amadís, con la suerte de encontrarlo a las primeras de cambio. Brian se ofrece a servir a Oriana y ésta se lo agradece.
domingo, 30 de mayo de 2010
Libro IV, Capítulo 85
Amadís, preocupado por el desenlace de esta controvertida acción bélica, convoca a reunión a todos sus caballeros en la posada de Cuadragante. Les habla: "A pesar de que podríais disfrutar en vuestros países de origen de una vida regalada y llena de placeres y bienes, habéis elegido ser caballeros andantes, oficio que poco provecho económico os ha dado y en cambio os ha acarreado graves heridas y un riesgo constante de muerte. Y ahora tras el gran acto de heroísmo al rescatar a Oriana de la felonía que planeaban para ella Lisuarte y Patín, ¿qué debemos hacer?"
Tras el discurso de Amadís, todos permanecen callados hasta que Cuadragante rompe el silencio. Quiere dar su opinión. Agrajes le anima a que la manifieste. Cuadragante dice que se envíe un mensaje a Lisuarte explicando su acción, que están obligado a defender a doncellas que vean forzada su voluntad. Le darán a Lisuarte la oportunidad de reconocer su error y si hace justicia con su hija, se la devolverán. En cuanto a los caballeros de la Ínsula Firme, deben estar preparados para cualquier contingencia, pues desconocen cual será la respuesta de Lisuarte. Por tanto, no estaría de más avisar a príncipes amigos y parientes para que les auxilien si fuera necesario.
Tras el discurso de Amadís, todos permanecen callados hasta que Cuadragante rompe el silencio. Quiere dar su opinión. Agrajes le anima a que la manifieste. Cuadragante dice que se envíe un mensaje a Lisuarte explicando su acción, que están obligado a defender a doncellas que vean forzada su voluntad. Le darán a Lisuarte la oportunidad de reconocer su error y si hace justicia con su hija, se la devolverán. En cuanto a los caballeros de la Ínsula Firme, deben estar preparados para cualquier contingencia, pues desconocen cual será la respuesta de Lisuarte. Por tanto, no estaría de más avisar a príncipes amigos y parientes para que les auxilien si fuera necesario.
jueves, 27 de mayo de 2010
Libro IV, Capítulo 84
Grasinda, conocedora del regreso de la victoriosa expedición, se engalana y sale a recibirlos. Oriana le pregunta si esa es la que ganó la corona a la más bella con el Caballero Griego. Bruneo se lo confirma. Desembarcan a las damas: a Oriana, Cuadragante y Agrajes; a Sardamira, Florestán y Angriote; a Mabilia, Amadís; a Olinda, Bruneo y Dragonís; al resto de doncellas, otros caballeros. Oriana y Grasinda se abrazan cordialmente. Grasinda se sorprende de la belleza de Oriana y la ensalza ante Amadís, más satifecho que un ocho. Oriana, azorada, se retira con Olinda. Llegan al castillo. A Oriana la alojan en la Torre de la Huerta, el mejor sitio del castillo (donde Apolidón hizo sus mejores encantamientos y donde residía habitualmente). La torre tiene tres plantas, con tres habitaciones en cada una. Está plantada en medio de una huerta que está rodeada de un alto muro de canto y betún. Hay muchos y frondosos árboles en la huerta, tanto frutales como ornamentales. Y fuentes, y flores,... La cara interna del muro está forrada de varios portales d los que penden redes doradas por donde entresale la vegetación. El suelo está enlosado con piedras preciosas traída de Oriente: unas rojas como rubíes, otras blancas como cristal. Cuatro fuentes rodean la huerta. De ellas mana el agua de las montañas que sale por cañerías de cobre con formas de animales para vertirse en pilas doradas y redondas. Esta agua sirve para regar la finca. Allí se aposentaron Oriana y Mabilia junto con otras damas. Amadís dispuso que fueran atendidas por un numeroso grupo de dueñas y doncellas. Oriana pidió que ningún caballero entrara en la huerta para preservar su intimidad hasta que ella consiguiera el perdón de su padre. Amadís accede por mantener el buen nombre de su amada, a pesar de su deseo de estar con ella. El resto de caballeros se distribuyen por la Ínsula, donde son atendidos y agasajados, todo a cuenta del pecunio de Amadís, derivado de las rentas que le proporciona la Ínsula Firme y de las generosas donaciones de su madre.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Libro IV, Capítulo 83
Los caballeros de la Ínsula Firme se reunen en consejo en la nao de Florestán. Deciden volver a la Ínsula. Agrupan a todos los presos en una nave al mando de Gavarte del Val Temeroso y de Landín, el sobrino de Cuadragante. En otro barco, que irá al mando de Gandales y Sadamón, colocan el botín. El resto de caballeros viajará en sus respectivas naves. Zarpan de vuelta a casa. Angriote y Bruneo informan a Oriana de los panes. A golpe de trompeta, el viaje de retorno se inicia con grandes alegrías y alharacas.
[Mira Lisuarte lo que ha ocurrido. Tú que llegaste a lo más alto y que por tu cerrazón estás a punto de caer a lo más bajo...]
A los siete días llegan a la Ínsula Firme. Son recibidos con entusiasmo por el pueblo, que ya había sido informado de la gran victoria y del rico botín.
[Mira Lisuarte lo que ha ocurrido. Tú que llegaste a lo más alto y que por tu cerrazón estás a punto de caer a lo más bajo...]
A los siete días llegan a la Ínsula Firme. Son recibidos con entusiasmo por el pueblo, que ya había sido informado de la gran victoria y del rico botín.
martes, 25 de mayo de 2010
Libro IV, Capítulo 82
La batalla naval acabó. Salustanquidio ha muerto. Brojandel de Roca, el arzobispo de Talancia, el duque de Ancona y otros notables romanos han sido hechos prisioneros. En la nave donde Salustanquidio yace muerto, sus soldados y amigos manifiestan su duelo estentóreamente. Los hombres de Agrajes que los custodian no saben como acallar el bullicio. Amadís ordena colocar el cadáver en un arca y sepultarlo. También decide perdonar la vida a los vencidos. El murmullo de los llantos llega a la nave de Oriana. Allí está Sardamira que desconocía la suerte de Salustanquidio. Al enterarse, llora desconsolada y se lamenta con grandes voces. Oriana, que le ha perdonado por su actuación en la misión imperial y que, en el fondo, la aprecia, llama a Mabilia para que intente consolar a la reina. Mabilia habla con ella, y aunque no logra mitigar su dolor, le asegura que Oriana velará por ella salvaguardando su integridad física y su honor.
sábado, 22 de mayo de 2010
Libro III, Capítulo 81 (3 de 3)
Amadís, Cuadragante, Listorán y Landín se embarcan en la galera de Enil y se dirigen hacia la partte de la batalla donde pelea Florestán. Por el camino se topan con uno de los barcos de Florestán, al mando de Ysanes, un pariente suyo por parte materna. Ysanes les anuncia la victoria de Florestán. Ha capturado al duque de Ancona y al Arzobispo de Talancia. Amadís ordena que su flota se reagrupe alrededor de la nao romana con el estandarte imperial y hacer un consejo. Hacen balance de la batalla: ningún barco romano, incluidos bateles y botes, ha escapado. Ha sido una victoria completa. Bondajel de Roca espera preso en la galera. Sardamira le pide ayuda a Oriana para que no la maten o la deshonren y reclama a Florestán como su valedor. Florestán accede gustoso a serlo. Amadís se acerca y tranquiliza a la reina: si tiene a Florestán como valedor, nada tiene que temer. Florestán le dice a Sardamira que se trata de Amadís. Sardamira lo reconoce y elogia. Amadís la lleva junto a Oriana y charla con Mabilia. Oriana perdona a Sardamira por los malos ratos pasados porque sabe que hizo todo obligada por el Emperador. Llegan Agrajes y Olinda. Oriana se levanta presurosa para abrazarla. Y recibe cordialmente a Agrajes y a sus acompañantes, en especial a Gavarte del Val Temeroso. Amadís y Oriana decien, por el momento, mantener sus amoríos en secreto hasta llegar a la Ínsula Firme. Los caballeros discuten donde llevar a Oriana: a la Gaula, a Escocia, a la Ínsula Firme,...Llega Mabilia y les transmite el deseo de Oriana: quiere ir a la Ínsula Firme hasta que su padre la perdone. Todos los caballeros le prometen que estarán a su servicio hasta ser restituida en su reino. Cada uno retorna a su barco correspondiente. Escoltando a Oriana quedan Bruneo, Landín de Fajarque, Gordán (el hermano de Angriote), Sarquiles (el sobrino de Angriote), Orlandín (el hijo del conde de Irlanda) y Enil ( que tenía tres heridas pero callaba porque era sufrido y esforzado).
Y así la flota emprende el camino de retorno a la Ínsula Firme.
Y con este épico final concluye el TERCER TOMO de AMADÍS de GAULA.
Y así la flota emprende el camino de retorno a la Ínsula Firme.
Y con este épico final concluye el TERCER TOMO de AMADÍS de GAULA.
viernes, 21 de mayo de 2010
Libro III, Capítulo 81 (2 de 3)
Los romanos, intuyendo malas intenciones de la flota que se les avecina, se preparan para la defensa. Distribuyen a los ballesteros. Brondajel está en la nave que lleva a Oriana. El primer grupo de la Ínsula Firme aborda la nave de Salustanquidio. El segundo grupo ataca la nave donde van el duque de Ancona y el Arzobispo de Talancia. El grupo de Amadís aborda la nave que porta el estandarte imperial. Le pide a Angriote que luche a su lado. Éste acepta sin dudar, por supuesto. Amadís intenta abarloar su nave con la imperial, pero los romanos lo impiden con flechas, lanzas, piedras, garfios y otros utensilios. Tantiles de Sobradisa, mayordomo de Briolanja, tiene una idea: lanzar desde el castillo una pesada ancla atada con una gruesa cadena para trabarla en la otra nave y, tirando, juntar los dos barcos. Ponen en práctica la idea con éxito. Amadís salta al abordaje flanqueado por Angriote y Bruneo. Aunque cae de rodillas sobre la cubierta enemiga, se levanta con rapidez. Sus compañeros le animan gritando su nombre. Lo oye Mabilia que corre a avisar a Oriana de que Amadís está a bordo para rescatarla. Amadís lucha con Brojandel de Roca, le golpe con la espada n el yelmo y Brojandel cae al suelo. Le quita el yelmo y le golpea en la cara con l pomo de su espada mientras le pregunta por el paradero de Oriana. Brojandel le señala el camarote cerrado. Amadís, con ayuda de Angriote y de Bruneo, derriba la puerta. Encuentran a Oriana y Mabilia. Amadís y Oriana se abrazan. Amadís sale a terminar la batalla. Da orden a Landín de Fajarque de que no se mate a aquellos romanos que se rindan.
Amadís pasa a la galera de Enil y Gandalín y abordan la gran nave de Salustanquidio, que ya había sido abordada por Agrajes. Cuadragante, que ya estaba a bordo, ayuda a Amadís a subir a la nave. Agrajes pelea con saña. Los romanos, al ver a Amadís, huyen arrojándose al agua o en pequeños botes hacia los barcos que todavía no han sido abordados. Agrajes lucha con Salustanquidio y le hiere en el brazo. Salustanquidio cae al suelo y pide clemencia. Agrajes, que ama profundamente a Olinda, no está dispuesto a perdonar al romano y le corta la cabeza. A continuación se reune con su amada Olinda.
Amadís pasa a la galera de Enil y Gandalín y abordan la gran nave de Salustanquidio, que ya había sido abordada por Agrajes. Cuadragante, que ya estaba a bordo, ayuda a Amadís a subir a la nave. Agrajes pelea con saña. Los romanos, al ver a Amadís, huyen arrojándose al agua o en pequeños botes hacia los barcos que todavía no han sido abordados. Agrajes lucha con Salustanquidio y le hiere en el brazo. Salustanquidio cae al suelo y pide clemencia. Agrajes, que ama profundamente a Olinda, no está dispuesto a perdonar al romano y le corta la cabeza. A continuación se reune con su amada Olinda.
Libro III, Capítulo 81 (1 de 3)
El rey Lisuarte está determinado a entregar a su hija a los romanos. Nada le hace cambiar de opinión. Intenta convencer a su hija por las buenas sin éxito. Airado, habla con su esposa, la reina, para que lo intente, cosa que hace muy a su pesar. Tampoco Brisena consigue convencer a Oriana, que del disgusto y la pena se queda traspuesta por un vahido. El rey dispone que la embarquen en ese estado. Olinda, de rodillas y llorando, le implora al rey que la envíe de vuelta con su padre, que ella tampoco quiere ir Roma. Lisuarte, inflexible, también la obliga a embarcar. Las acompañan Mabilia y la Doncella de Dinamarca. Con lágrimas en los ojos, Lisuarte se despide de su hija. Está triste pero firme en su decisión. La encomienda a Salustanquidio, Brojandel de Roca y al Arzobispo de Talancia. Se va dejando a todas las doncellas tristes y llorosas. Salustanquidio y Brojandel deciden encerrar a Oriana junto a Mabilia en un camarote ricamente ornado. El resto de damas se quedan con Sardamira. Salustanquidio, muy enamorado de Olinda, se la lleva a su nave junto a unas pocas doncellas. Con todo dispuesto, zarpan hacia Roma. Colocan la enseña imperial en el mástil de la nave que lleva a Oriana. Al poco de iniciar viaje aparece la flota de la Ínsula Firme, por babor. Vienen en tres grupos que pugnan por abordar la nave imperial y ser los primeros en liberar a Oriana: En el primero van Agrajes, Cuadragante, Dragonís y Listorán de la Torre Bermeja; en el segundo, Florestán, Gavarte del Val Temeroso, Orlandín e Ymosil; en el tercero va Amadís.
sábado, 15 de mayo de 2010
Libro III, Capítulo 80 (4 de 4)
Los tres romanos caen en el primer encuentro. Grumedán y sus compañeros quedan a caballo, ilesos, salvo el Caballero de las Armas Verdes (Bruneo, en adelante el CAV) que sufre una pequeña herida en el costado izquierdo. El CAV le dice a Grumedán que, puesto que los romanos han caído al suelo, descabalguen y continúen la lucha a pie. Así lo hacen. Los romanos se defienden con dureza. Grumedán, empujado por su enfado, se adelanta y queda más expuesto a los golpes. De pronto sufre una grave herida. Sus compañeros reaccionan, redoblan sus golpes y acuden en su ayuda. En poco tiempo los romanos quedan extenuados, sangrando por múltiples heridas, con los escudos rotos y los yelmos abollados. Maganil, viéndose perdido, se retira bajo la ventana de la reina para pedir clemencia. Le persigue el Caballero de los Veros de Oro y Plata (Angriote, en adelante el CVOP) que lo atrapa, le arranca el yelmo y hace ademán de cortarle la cabeza. La reina intercede y le perdona la vida. Grumedán ha derribado a otro romano y de rodillas sobre su pecho le da grandes golpes en la cara con la manzana de su espada. El romano, a voces, pide clemencia y se declara vencido. El CAV hace huir del campo al tercer romano y se reune con sus compañeros. Los vencedores se presentan ante el rey. El CAV y el CVOP se despiden y retornan junto al Caballero Griego. La doncella-mensajera habla con Lisuarte. Le dice que su merecida fama de hombre justo y defensor de doncellas la va a perder cuando se conozca el trato que está dando a su propia hija. Lisuarte la despide algo mohíno. El CAV y el CVOP vuelven a los barcos para informar a Amadís y a Grasinda de lo cerca que está la fecha de entrega de Oriana a los romanos. Cuentan su exitosa combate y la doncella recuerda que solo faltan dos días para que entreguen a Oriana a los romanos. Llegan a la Ínsula Firme en dos días. Les recibe Gandalín, el resto de caballeros y el pueblo llano de la Ínsula Firme. Grasinda pregunta la causa de tan emotivo recibimiento. El Caballero Griego le confiesa que es Amadís, Señor de la Ínsula Firme. Gandales les recibe con palafrenes para las damas, el más hermoso con adornos de oro para Grasinda. Desembarcan en la playa y allí son recibidos por Agrajes, Cuadragante, Florestán, Gavarte del Val Temeroso, Dragonís, Orlandín, Ganjes de Sadoca, Argomón el Valiente, Sardanán (hermano de Angriote), Pinores y Sarquiles ( ambos hijos de Sardanán), Madansil de la Puente de Plata, Enil y otros caballeros hasta un total de treinta. Todos comen en alegre compañía. En la sobremesa, Amadís habla a la concurrencia: les cuenta su trayectoria caballeril de los últimos años y habla del desatino que Lisuarte reserva para su hija Oriana. Les propone hacer algo para impedirlo. Agrajes está de acuerdo en ayudarle. Y tras él, el resto de de caballeros de la Ínsula Firme, se le unen como un solo hombre. Grasinda se congratula de tanta adhesión y decide quedarse en la Ínsula Firme hasta la resolución de la aventura. Amadís la acomoda en casa de Ysanjo, el gobernador. Helisabad se ofrece como médico de la fuerza de rescate. Una vez preparados, embarcan y se disponen a interceptar a los romanos.
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