sábado, 22 de mayo de 2010

Libro III, Capítulo 81 (3 de 3)

Amadís, Cuadragante, Listorán y Landín se embarcan en la galera de Enil y se dirigen hacia la partte de la batalla donde pelea Florestán. Por el camino se topan con uno de los barcos de Florestán, al mando de Ysanes, un pariente suyo por parte materna. Ysanes les anuncia la victoria de Florestán. Ha capturado al duque de Ancona y al Arzobispo de Talancia. Amadís ordena que su flota se reagrupe alrededor de la nao romana con el estandarte imperial y hacer un consejo. Hacen balance de la batalla: ningún barco romano, incluidos bateles y botes, ha escapado. Ha sido una victoria completa. Bondajel de Roca espera preso en la galera. Sardamira le pide ayuda a Oriana para que no la maten o la deshonren y reclama a Florestán como su valedor. Florestán accede gustoso a serlo. Amadís se acerca y tranquiliza a la reina: si tiene a Florestán como valedor, nada tiene que temer. Florestán le dice a Sardamira que se trata de Amadís. Sardamira lo reconoce y elogia. Amadís la lleva junto a Oriana y charla con Mabilia. Oriana perdona a Sardamira por los malos ratos pasados porque sabe que hizo todo obligada por el Emperador. Llegan Agrajes y Olinda. Oriana se levanta presurosa para abrazarla. Y recibe cordialmente a Agrajes y a sus acompañantes, en especial a Gavarte del Val Temeroso. Amadís y Oriana decien, por el momento, mantener sus amoríos en secreto hasta llegar a la Ínsula Firme. Los caballeros discuten donde llevar a Oriana: a la Gaula, a Escocia, a la Ínsula Firme,...Llega Mabilia y les transmite el deseo de Oriana: quiere ir a la Ínsula Firme hasta que su padre la perdone. Todos los caballeros le prometen que estarán a su servicio hasta ser restituida en su reino. Cada uno retorna a su barco correspondiente. Escoltando a Oriana quedan Bruneo, Landín de Fajarque, Gordán (el hermano de Angriote), Sarquiles (el sobrino de Angriote), Orlandín (el hijo del conde de Irlanda) y Enil ( que tenía tres heridas pero callaba porque era sufrido y esforzado).
Y así la flota emprende el camino de retorno a la Ínsula Firme.

Y con este épico final concluye el TERCER TOMO de AMADÍS de GAULA.

viernes, 21 de mayo de 2010

Libro III, Capítulo 81 (2 de 3)

Los romanos, intuyendo malas intenciones de la flota que se les avecina, se preparan para la defensa. Distribuyen a los ballesteros. Brondajel está en la nave que lleva a Oriana. El primer grupo de la Ínsula Firme aborda la nave de Salustanquidio. El segundo grupo ataca la nave donde van el duque de Ancona y el Arzobispo de Talancia. El grupo de Amadís aborda la nave que porta el estandarte imperial. Le pide a Angriote que luche a su lado. Éste acepta sin dudar, por supuesto. Amadís intenta abarloar su nave con la imperial, pero los romanos lo impiden con flechas, lanzas, piedras, garfios y otros utensilios. Tantiles de Sobradisa, mayordomo de Briolanja, tiene una idea: lanzar desde el castillo una pesada ancla atada con una gruesa cadena para trabarla en la otra nave y, tirando, juntar los dos barcos. Ponen en práctica la idea con éxito. Amadís salta al abordaje flanqueado por Angriote y Bruneo. Aunque cae de rodillas sobre la cubierta enemiga, se levanta con rapidez. Sus compañeros le animan gritando su nombre. Lo oye Mabilia que corre a avisar a Oriana de que Amadís está a bordo para rescatarla. Amadís lucha con Brojandel de Roca, le golpe con la espada n el yelmo y Brojandel cae al suelo. Le quita el yelmo y le golpea en la cara con l pomo de su espada mientras le pregunta por el paradero de Oriana. Brojandel le señala el camarote cerrado. Amadís, con ayuda de Angriote y de Bruneo, derriba la puerta. Encuentran a Oriana y Mabilia. Amadís y Oriana se abrazan. Amadís sale a terminar la batalla. Da orden a Landín de Fajarque de que no se mate a aquellos romanos que se rindan.
Amadís pasa a la galera de Enil y Gandalín y abordan la gran nave de Salustanquidio, que ya había sido abordada por Agrajes. Cuadragante, que ya estaba a bordo, ayuda a Amadís a subir a la nave. Agrajes pelea con saña. Los romanos, al ver a Amadís, huyen arrojándose al agua o en pequeños botes hacia los barcos que todavía no han sido abordados. Agrajes lucha con Salustanquidio y le hiere en el brazo. Salustanquidio cae al suelo y pide clemencia. Agrajes, que ama profundamente a Olinda, no está dispuesto a perdonar al romano y le corta la cabeza. A continuación se reune con su amada Olinda.

Libro III, Capítulo 81 (1 de 3)

El rey Lisuarte está determinado a entregar a su hija a los romanos. Nada le hace cambiar de opinión. Intenta convencer a su hija por las buenas sin éxito. Airado, habla con su esposa, la reina, para que lo intente, cosa que hace muy a su pesar. Tampoco Brisena consigue convencer a Oriana, que del disgusto y la pena se queda traspuesta por un vahido. El rey dispone que la embarquen en ese estado. Olinda, de rodillas y llorando, le implora al rey que la envíe de vuelta con su padre, que ella tampoco quiere ir Roma. Lisuarte, inflexible, también la obliga a embarcar. Las acompañan Mabilia y la Doncella de Dinamarca. Con lágrimas en los ojos, Lisuarte se despide de su hija. Está triste pero firme en su decisión. La encomienda a Salustanquidio, Brojandel de Roca y al Arzobispo de Talancia. Se va dejando a todas las doncellas tristes y llorosas. Salustanquidio y Brojandel deciden encerrar a Oriana junto a Mabilia en un camarote ricamente ornado. El resto de damas se quedan con Sardamira. Salustanquidio, muy enamorado de Olinda, se la lleva a su nave junto a unas pocas doncellas. Con todo dispuesto, zarpan hacia Roma. Colocan la enseña imperial en el mástil de la nave que lleva a Oriana. Al poco de iniciar viaje aparece la flota de la Ínsula Firme, por babor. Vienen en tres grupos que pugnan por abordar la nave imperial y ser los primeros en liberar a Oriana: En el primero van Agrajes, Cuadragante, Dragonís y Listorán de la Torre Bermeja; en el segundo, Florestán, Gavarte del Val Temeroso, Orlandín e Ymosil; en el tercero va Amadís.

sábado, 15 de mayo de 2010

Libro III, Capítulo 80 (4 de 4)

Los tres romanos caen en el primer encuentro. Grumedán y sus compañeros quedan a caballo, ilesos, salvo el Caballero de las Armas Verdes (Bruneo, en adelante el CAV) que sufre una pequeña herida en el costado izquierdo. El CAV le dice a Grumedán que, puesto que los romanos han caído al suelo, descabalguen y continúen la lucha a pie. Así lo hacen. Los romanos se defienden con dureza. Grumedán, empujado por su enfado, se adelanta y queda más expuesto a los golpes. De pronto sufre una grave herida. Sus compañeros reaccionan, redoblan sus golpes y acuden en su ayuda. En poco tiempo los romanos quedan extenuados, sangrando por múltiples heridas, con los escudos rotos y los yelmos abollados. Maganil, viéndose perdido, se retira bajo la ventana de la reina para pedir clemencia. Le persigue el Caballero de los Veros de Oro y Plata (Angriote, en adelante el CVOP) que lo atrapa, le arranca el yelmo y hace ademán de cortarle la cabeza. La reina intercede y le perdona la vida. Grumedán ha derribado a otro romano y de rodillas sobre su pecho le da grandes golpes en la cara con la manzana de su espada. El romano, a voces, pide clemencia y se declara vencido. El CAV hace huir del campo al tercer romano y se reune con sus compañeros. Los vencedores se presentan ante el rey. El CAV y el CVOP se despiden y retornan junto al Caballero Griego. La doncella-mensajera habla con Lisuarte. Le dice que su merecida fama de hombre justo y defensor de doncellas la va a perder cuando se conozca el trato que está dando a su propia hija. Lisuarte la despide algo mohíno. El CAV y el CVOP vuelven a los barcos para informar a Amadís y a Grasinda de lo cerca que está la fecha de entrega de Oriana a los romanos. Cuentan su exitosa combate y la doncella recuerda que solo faltan dos días para que entreguen a Oriana a los romanos. Llegan a la Ínsula Firme en dos días. Les recibe Gandalín, el resto de caballeros y el pueblo llano de la Ínsula Firme. Grasinda pregunta la causa de tan emotivo recibimiento. El Caballero Griego le confiesa que es Amadís, Señor de la Ínsula Firme. Gandales les recibe con palafrenes para las damas, el más hermoso con adornos de oro para Grasinda. Desembarcan en la playa y allí son recibidos por Agrajes, Cuadragante, Florestán, Gavarte del Val Temeroso, Dragonís, Orlandín, Ganjes de Sadoca, Argomón el Valiente, Sardanán (hermano de Angriote), Pinores y Sarquiles ( ambos hijos de Sardanán), Madansil de la Puente de Plata, Enil y otros caballeros hasta un total de treinta. Todos comen en alegre compañía. En la sobremesa, Amadís habla a la concurrencia: les cuenta su trayectoria caballeril de los últimos años y habla del desatino que Lisuarte reserva para su hija Oriana. Les propone hacer algo para impedirlo. Agrajes está de acuerdo en ayudarle. Y tras él, el resto de de caballeros de la Ínsula Firme, se le unen como un solo hombre. Grasinda se congratula de tanta adhesión y decide quedarse en la Ínsula Firme hasta la resolución de la aventura. Amadís la acomoda en casa de Ysanjo, el gobernador. Helisabad se ofrece como médico de la fuerza de rescate. Una vez preparados, embarcan y se disponen a interceptar a los romanos.

jueves, 13 de mayo de 2010

Libro III, Capítulo 80 (3 de 4)

El rey llama a Brojandel de Roca. Le dice que mantiene el compromiso a pesar de tanto consejo en contra. Le anuncia que al cabo de tres días embarcará a Oriana con destino a Roma y que se vaya preparando. Durante estos tres días tendrá a su hija a buen recaudo. Brojandel aprovecha para hacerle la rosca al rey. Opina que, aunque ahora Oriana está triste, cuando llegue a Roma y vea su magnificencia y lujo, olvidará todo su pesar. Lisuarte le concede la mano de Olinda a Salustanquidio, en cuanto entregue a Oriana al Emperador.
Al día siguiente, Maganil y sus hermanos comparecen ante el rey y Grumedán. Les recuerdan la justa que tienen pendiente. Aunque, en consideración a su edad, consienten en desistir si Grumedán se declara vencido. Grumedán se levanta airado y les cita para luchar a la mañana siguiente. Lisuarte le pregunta quienes serán sus compañeros. Grumedán dice que espera la llegada de Galaor y que ellos dos se bastan para derrotar a los tres romanos. Lisuarte se ofrece como su compañero en la contienda. Grumedán, emocionado, abraza llorando a su rey pero declina la oferta para no comprometer a su señor. Grumedán va a su posada y escoge a dos caballeros de su propia casa aunque poco avezados en la caballería. Por la noche oyen la misa e imploran la ayuda divina. Grumedán se dispone a velar sus armas cuando llega una doncella con una carta de Grasinda. Ésta le envía una hermosa espada, regalo del Caballero Griego, y le ofrece la ayuda de dos de sus mejores caballeros. Grumedán acepta espada y caballeros. Sale al campo y se reune con sus nuevos compañeros. Lisuarte, que no los reconoce, hace llamar a la doncella-mensajera y le pregunta por ellos. La doncella responde que el Caballero Griego tiene informes muy favorables sobre don Grumedán y por eso ha decidido ayudarle. Lisuarte no lo demuestra, pero en el fondo está muy satisfecho de que Grumedán reciba una ayuda tan fuerte.
Arbán de Norgales y el conde de Clara son los jueces de la justa por parte de Grumedán. Por parte romana, son Salustanquidio y Brojandel. Llegan los tres romanos, altos y membrudos, acompañados con gran estrépito de gaitas y trompetas. Los romanos exigen que Grumedán se declare vencido o piensan llevarse a Roma su cabeza y la de sus dos compañeros. La reina, preocupada, comenta la situación con Guilán y Cendil. Guilán la tranquiliza un poco.
Se inicia la justa...

miércoles, 12 de mayo de 2010

Libro III, Capítulo 80 (2 de 4)

Sardamira comenta jocosa que penosos caballeros les han enviado como escolta. Todos han sido vencidos por un único caballero. Oriana lee la carta. Agrajes y Florestán le cuentan que Gandalín y el enano han llegado a la Ínsula Firme y que Amadís llegará antes de ocho días. Están preparando una flota para acudir en su rescate.
Las damas llegan a la corte. Oriana ve a los romanos y se echa a llorar desconsolada. El rey le dice que no llore, que tiene nuevas que la alegrarán. Oriana le pide a Arbán de Norgales que interceda por ella ante su padre para evitar el casamiento. El rey la visita acompañado de Argimón y Grumedán. Oriama se postra a sus pies y le dice que si la obliga a casarse con Patín, se matará. Y que piensa renunciar a sus derechos sucesorios en favor de su hermana Leonoreta, con el consiguiente chasco para los romanos, que, por esta razón, pueden tornarse en enemigos de Lisuarte. El rey le dice que lo va a meditar y que le hará saber su decisión por medio de la reina.
Argimón, Arbán y Grumedán se reunen con el rey e intentan convencerle para que rompa el compromiso. El rey se mantiene en sus trece. Argimón cree que este empecinamiento es un gran error que tendrá graves consecuencias y quiere desentenderse del asunto. Le pide licencia al rey para volver a sus tierras y abandonar la corte. Lisuarte le da permiso sin pestañear.


martes, 11 de mayo de 2010

Libro III, Capítulo 80 (1 de 4)

Oriana seguía en Miraflores con Sardamira. En cuanto Lisuarte acordó su casamiento con Patín, mandó a su sobrino Giontes para que la trajese a la corte. Giontes fue acompañado de varios caballeros: Gangel de Sadoca, Lasamor y otros. Encuentran a Oriana exhausta de tanto sufrir y llorar. Se la tienen que llevar en andas, acompañada de Sardamira y el resto de las damas. Al segundo día de camino encuentran a un caballero sobre un caballo pardo, bien armado y con cuerdas, sobreseñal y pendón verdes. El caballero pide permiso para hablar con Oriana. Se lo niegan aunque Oriana tiene interés en saber quien es y lo que quiere. El caballero de las Armas Verdes (CAV) y Giontes se aprestan a la lucha. En los primeros encuentros parten lanzas. El caballo de Giontes da un mal paso y cae arrastrando a su amo. Giontes se queda con el pie atrapado en el estribo y no puede levantarse. Gangel de Sadoca embiste al CAV. Éste falla con la lanza. Gangel le acierta en el escudo, pero su lanza se parte sin más daños para el CAV. En el segundo encuentro, el CVA parte su lanza sobre el cuerpo de Gangel y lo derriba. Le toca el turno a Lasamor. El CAV esquiva su golpe y consigue desprender la lanza de las manos de Lasamor. Se golpean con los escudos hasta destrozarlos. El CAV le rompe un brazo a Lasamor. El CAV, espada en mano, desiste de seguir hiriéndole al ver a Lasamor incapacitado con su brazo roto. Le da un golpe llano con su espada y permite que Lasamor huya.
Al ver la facilidad con que ha vencido, Oriana sospecha que el CAV es Amadís. El CAV se acerca a las damas, entrega una carta a Oriana y dice que viene de parte de Agrajes y Florestán. Hace además de retirarse. Oriana le pregunta su nombre. El CAV dice que es Gavarte del Val Temeroso, uno de los caballeros repudiados por Lisuarte. A pesar de eso, Gavarte se ofrece a servir a Oriana para lo que necesite. Y se despide.

viernes, 7 de mayo de 2010

Libro III, Capítulo 79 (2 de 2)

El segundo caballero romano en fama es Maganil. Pero tanto él como sus dos hermanos declinan el reto del Caballero Griego alegando que deben enfrentarse a don Grumedán en el duelo aplazado y como sustitutos de Salustanquidio.
Llegan más romanos: Gradamor y Lasamor. Son sobrinos de Brojandel de Roca, hijos de su hermana. Aceptan el reto. Gradamor, incluso, rompe el escudo que el CG había dejado en el padrón. Amadís, irritado, lo embiste sin preocuparse de conseguir otro escudo. De un lanzazo derriba a Gradamor y lo deja desfallecido y tendido en el suelo. Luego, ataca con la espada a Lasamor. Le propina varios golpes, le hiere, lo desarma y agarrándole del escudo, lo tira al suelo. Lasamor se pone en pie y se une a su hermano, ya recuperado. El CG descabalga y espada en mano y con el escudo de Lasamor ataca a ambos hermanos, que se defienden a duras penas. Hiere en la pierna a Lasamor que cae de rodillas. Le pega un puntapié en el pecho y lo deja tendido. Acomete a Gradamor que huye hacia el rey pidiendo clemencia. Como no se la conceden, huye hacia el centro de la plaza y se protege tras el padrón de piedra. El CG le acosa con múltiples golpes de espada sacando chispas cuando pega en el padrón. Gradamor, agotado de esquivar golpes, cae al suelo exhausto. El CG coge su escudo y se lo rompe en la cabeza. Gradamor, aturdido y con el rostro ensangrentado, pide clemencia al CG, que hace como si no entendiera. El CG le obliga a levantarse a base de golpes llanos de espada. Por señas le indica que se suba al padrón. Una vez arriba, tira de él y lo hace caer cuan largo es. Lo deja tendido en el suelo, inconsciente. Luego coge a Lasamor de los pies y lo arastra junto a su hermano.
Esplandián, que estaba contemplando el reto, cree que los va a decapitar. Se apena por los romanos y acercándose al CG le pide clemencia para los vencidos. Amadís hace como si no entendiese. Viene Agramonte y le traduce. El CG acepta y le cede los romanos. El CG le pregunta a Agramonte sobre Esplandián. El conde le cuenta la historia del doncel. Amadís le pide que le muestre las letras que lleva tatuadas en el pecho. Esplandián así lo hace. El CG vuelve junto con Grasinda al barco y zarpan hacia la Ínsula Firme. Angriote y Bruneo se quedan, en secreto, para ayudar a Grumedán en su combate pendiente con los romanos.

martes, 4 de mayo de 2010

Libro III, Capítulo 79 (1 de 2)

Grasinda desembarca, muy hermosa y engalanada, acompañada de los tres caballeros y de cuatro doncellas, seguidos de un gran séquito. Lleva una corona que prueba que fue nombrada la más bella de Romania. El Caballero Griego lleva una armadura blanca y cordones de oro. Bruneo, armas verdes. Angriote, armas de plata y oro. Éste último escolta a la doncella mensajera. Bruneo, a la hermana de la mensajera. Amadís, a Grasinda. Llegan a la plaza. El CG coloca la doncella de Grasinda sobre un padrón en medio de la plaza como señal del desafío. Se acercan al lugar donde esperan el rey Lisuarte y los romanos. El CG ve a la reina, a Olinda (que iba a ser coronada) y a otras damas, pero no a Oriana. Habla en griego con el rey, con Angriote como intérprete, y reitera el reto. La apostura del CG impresiona al gentío, lo que irrita a Salustanquidio que les increpa. El romano pide la corona de Olinda para colocarla en el padrón. Olinda se niega, pero la reina coge la corona y se la entrega a Salustanquidio. El CG y Salustanquidio se preparan para la justa. Chocan en medio de la plaza. El CG le hiere bajo el brocal del escudo y se lo arranca. La lanza le golpea en el costado sin llegar a traspasar la armadura. Sin embargo, del impulso, Salustanquidio cae al suelo, rompiéndose el brazo y varias costillas. El CG le pone la lanza en el rostro y le exige que ceda ambas coronas a Grasinda. Salustanquidio calla. El CG hace su demanda al rey o si no le cortará la cabeza al vencido. Lisuarte accede y le dan las dos coronas al vencedor. El CG envía a la doncella mensajera a Lisuarte para que le diga que no quiere luchar contra caballeros británicos, pero que no tiene inconveniente en medirse con los romanos. Además, no hay caballeros locales disponibles: muchos marcharon con Amadís, Galaor está ausente, Guilán enfermo, Cendil de Ganota herido en la pierna (de un flechazo en un accidente de caza causado por el romano Brojandel de Roca)...

jueves, 29 de abril de 2010

Libro III, Capítulo 78 (2 de 2)

Grasinda y sus compañeros llegan a Tagades. Grinfesa, una doncella hija del mayordomo real y que habla francés, será la mensajera. La engalanan y le dan una carta en latín para Lisuarte y Brisena y la joven parte hacia la corte acompañada por sus dos hermanos y dos escuderos. Al mismo tiempo, el Caballero Griego prepara otro batel donde embarca Lasindo para ir a tierra. Su misión aparente es la de preguntar por su amo Bruneo, pero la real es indagar sobre la situación.
La doncella llega a la villa y pregunta por el palacio real. Se encuentra con Esplandián y con Ambor de Gandel (o de Padel), el hijo de Angriote, que sirven a la reina y han salido a la caza de esmerejones. Esplandián le da sus piezas a Sarguil y se ofrece para acompañar a Grinfesa hasta palacio. Ella acepta su ofrecimiento y Esplandián conduce al grupo ante el rey. La doncella le entrega la carta y le pide que la lea en presencia de la reina. El rey la manda llamar y la reina Brisena acude acompañada de todas sus damas. Leen la carta: Grasinda les saluda y se declara la mujer más bella de Romania. Ahora quiere extender ese título a la corte de Lisuarte. Se proclama más bella que cualquier doncella de la corte de Lisuarte. Y para refrendar esa afirmación cuenta con el Caballero Griego, que la defenderá con el poder de sus armas contra cualquiera que la niegue. Lisuarte accede a dar publicidad a su proclama y les permite desembarcar. Salustanquidio y sus cien caballeros romanos se ofrecen para defender la hermosura de las doncellas de la corte de Lisuarte. Grumedán aconseja esperar hasta que lleguen Galaor y Norandel, a cinco días de distancia, o a que se recupere Guilán el Cuidador. Lisuatre no quiere esperar y le da la oportunidad a Salustanquidio. Éste, además, reta a Grumedán y a sus caballeros, una vez que acaben con la primera contienda contra el Caballero Griego. Grumedán acepta el reto y deja un anillo como prenda. Crece la irritación entre los caballeros locales y los romanos. El conde Agramonte pide al rey que ponga paz y éste envía a ambos bandos a sus respectivas posadas. El conde le señala a rey la soberbia de los romanos, de como han menospreciado a sus fieles caballeros y de la inconveniencia de haber concedido la mano de Oriana a Patín. Lisuarte dice que ya ha empeñado su palabra y que no hay marcha atrás. Le pide a su tío Agramón que sea juez en los combates que se avecinan. Lasindo, testigo de los acontecimientos, vuelve al barco para contarlos al Caballero Griego. Le cuenta la decisión de Lisuarte de entregar a Oriana a Patín una vez que acabe el reto de Grasinda. Amadís se alegra de que sus rivales sean los romanos y no su hermano Galaor que ya le puso en grandes apuros en otra ocasión. Todos se van a dormir, a la espera de los acontecimientos del día siguiente.

miércoles, 28 de abril de 2010

Libro III, Capítulo 78 (1 de 2)

El CVE navega junto a Grasinda y sus amigos destino a Gran Bretaña. Bordean las costas españolas hasta llegar al Atlántico. El final del viaje se acerca, y eso les llena de alegría. Amadís decide cambiar una vez más de apodo. Desde ahora se hará llamar El Caballero Griego. Reparte las espadas que le regaló Menoresa: una a Angriote, otra a Bruneo y se reserva la última para él mismo. Gandalín guarda la espada verde para que no delate a su señor. El mar está bravío y Grasinda sale a cubierta para apoyarse en la borda. La acompañan el Caballero Griego, Angriote y Bruneo. Ven acercarse una fusta. A gritos les piden que se identifiquen: son de la Ínsula Firme. Intercambian unas frases y se dan a conocer: son Dragonís y Enil que han salido en busca de Amadís. Les informan que Lisuarte está en Tagades, frente a la costa normanda, con su corte y los expedicionarios romanos. Están negociando la boda entre Patín y Oriana. Les cuentan como sufre Oriana ante esa perspectiva, con cierto alivio por parte de Amadís. Saben todas estas noticias por boca de Florestán que ha llegado a la Ínsula Firme para reunirse con Agrajes, Mandancil de la Puente de Plata, Gavarte del Val Temerosos y Elián el Lozano, Cuadragante y Landín. Florestán les trajo esas nuevas y les contó sus combates contra los caballeros romanos de Sardamira.
Amadís llama en un aparte a Gandalín y le dice que pase con el enano a la fusta de los de la Ínsula Firme. Una vez allí, les contará que el Caballero Griego es Amadís, que les pide que vuelvan a la Ínsula Firme y allí se preparen y reunan a todos los caballeros de la Ínsula Firme a la espera que Amadís se una a ellos en unos quince días. Dragonís y los suyos así lo hacen. Grasinda y sus hombres continúan viaje a Gran Bretaña.
Lisuarte, en Tagades, recaba consejo sobre el casamiento de su hija. Llama a Argamón, su tío, que estaba enfermo en su casa aquejado de gota. Argamón sospecha para que lo llama su sobrino y aunque no quiere comprometerse no puede desoír su llamada. Ante el rey, Argamón sigue indeciso, señala los pocos pros y las abundantes contras del proyecto matrimonial. Aún así, sigue sin definirse ni tomar postura.

domingo, 25 de abril de 2010

Libro III, Capítulo 77

Sardamira se reía recordando como Patín, que había venido a Gran Bretaña a medirse con otros caballeros por amor a ella, nunca le había contado su derrota frente a Amadís. Sardamira le pide a Grumedán que vaya en busca de Florestán y que le pida que sea su escolta hasta Miraflores, ya que ha dejado tan maltrechos a sus caballeros. Sardamira envía la ermita redonda a la primera doncella con una carta de presentación y con cuatro escuderos en busca de Florestán. La doncella se reune con el caballero y le transmite la petición de la reina. Florestán acepta gustoso. La doncella cena con él y luego charlan un rato. Por la noche, la aloja en la ermita y él duerme bajo unos árboles. Al día siguiente se reunen con Sardamira y Grumedán. Florestán le cuenta a Grumedán que ha enviado los escudos de los romanos a Gandales que está en la Ínsula Firme. Florestán, cuando llega ante la reina, quiere besarle la mano pero Sardamira se lo impide y pone su mano en su loriga en señal de reconocimiento y confianza. Le agradece su ayuda. Florestán pide perdón por su atrevimiento del primer día y se poner a su total disposición. Envían a los caballeros heridos a una villa cercana donde los curarán. El resto de la expedición se pone en marcha hacia Miraflores. Oriana la recibe con cordialidad aunque le apena el motivo por el que han venido a Gran Bretaña, pero se alegra mucho al ver a Florestán y don Grumedán. En un aparte pregunta a Florestán por los motivos del despego y alejamiento de él y de sus amigos de la corte de Lisuarte. Y llora reconociendo en el rostro de Florestán los rasgos de su hermano, su amado Amadís. Y por su mente cruza la idea de suicidio, arrojándose al mar, si su padre la obliga a casarse con Patín. Florestán la consuela diciendo que Amadís seguramente está bien haciendo grandes hazañas por lejanas tierras. Sardamira, que oye mentar a Amadís, se lamenta de que Patín lo odie tanto. Ella dice que solo hay un caballero a quien detesta más : uno que luchó junto al rey Tafinor de Bohemia y que mató a Garadán, el segundo mejor caballero romano tras Salustanquidio y que liberó a Bohemia del yugo romano. Este caballero, de nombre desconocido, se hacía llamar el Caballero de la Verde Espada o Caballero del Enano. Iba acompañado de un enano y portaba una espada verde. Al oír la descripción, Florestán, Oriana y Mabilia reconocen a Amadís. Todos se retiran a descansar.
Oriana se reune con Mabilia y la Doncella de Dinamarca. Comentan lo dicho por Sardamira y todas coinciden: el Caballero de la Verde Espada es Amadís. Mabilia les cuenta un sueño que ha tenido: estaban todas encerradas en una oscura cámara y Amadís las liberaba y las coloca en lugar seguro en una alta torre. Oriana desea que el sueño se cumpla. Mabilia le recomienda que hable con Florestán para que, de acuerdo con Galaor, impidan el compromiso de Oriana con Patín.
Curiosamente, Galaor ya está aconsejando a Lisuarte en contra de ese casamiento: están ambos cazando y el rey le pide su opinión. Galaor se muestra contrario. Opina que sería ceder el trono de Gran Bretaña a un extranjero, porque Oriana quedaría supeditado a él. Además opina que no es necesario como aliado, pues hasta ahora se han desenvuelto perfectamente sin él. El rey le agradece su opinión, aunque en el fondo le disguste. Galaor le comunica al rey que parte hacia la Gaula por expreso deseo de su padre, Perión. Lisuarte le da permiso pero antes de partir debe dejar por escrito su opinión sobre la boda de Oriana y Patín, por si Lisuarte necesitara de ella cuando se reuna con su Consejo. Galaor está en contra del compromiso tanto porque cree que no beneficia a Gran Bretaña como por sus sospechas de la relación de Amadís con Oriana.
Oriana le pide a Florestán que medie por ella ante Lisuarte para impedir su compromiso con Patín. Florestán quiere ayudarla pero le recuerda que no es vasallo de Lisuarte, que el rey odia a Amadís, su hermano, y que por estas razones, no podrá serle útil. Sin embargo le propone ir a la Ínsula Firme y hablar de su problema con Agrajes y que él intente convencer a Lisuarte. Florestán se dispone para la marcha. Su despedida de Sardamira está cargada de mutua cordialidad (¿o algo más que cordialidad?) . Florestán parte hacia la Ínsula Firme.

sábado, 24 de abril de 2010

Libro III, Capítulo 76 (3 de 3)

Luchan con saña, pero pronto se ve que Florestán es con claridad muy superior a Gradamor, que va perdiendo terreno paulatinamente. Gradamor intenta retirarse hacia la tienda de Sardamira, buscando la clemencia de la reina, pero Florestán le corta el paso y sigue golpeándolo con fiereza hasta que el romano cae extenuado al suelo. Florestán le quita el escudo y se lo pasa a su escudero. Le arranca el yelmo y lo lanza al barrizal. Luego coge a Gradamor de una pierna y lo arrastra por el campo con la intención de arrojarlo de nuevo a la charca. Gradamor pide piedad a gritos. Sardamira, sabedora que Gradamor escogió a priori un combate a muerte, se inhibe. Florestán le recuerda las condiciones previas al combate y que lo va a matar salvo que acceda a dos peticiones. Gradamor las acepta. La primera petición es que cada caballero romano vencido escriba su nombre en los brocales de sus respectivos escudos. Gradamor llama a gritos a su escudero y con su propia sangre escriben el nombre de los caballeros en los escudos. Florestán monta en su caballo ágil y brioso, como si no hubiera hecho ningún esfuerzo y se pavonea ante las damas con el yelmo puesto con el fin de que Grumedán no lo reconozca. A él le pide que decida sobre el destino de Gradamor. Grumedán le perdona la vida. Florestán consiente aunque se mofa del caído diciendo cuan generosos son los romanos que le dan armas, escudos y caballos a un caballero al que apenas conocen. A Gradamor, mohíno y quebrantado, le escuecen estas palabras. No así a Grumedán que ríe abiertamente. Gradamor le pide a Grumedán que lo lleven a la tienda. Grumedán le pide a Florestán que se identifique, pero éste se niega alegando la descortesía que tuvo para con la reina Sardamira. Le pide que le transmita sus excusas y que esperará su respuesta en la Ermita Redonda. También le pregunta a Grumedán si tiene noticias de Amadís, pero éste no sabe nada. Se despiden. Florestán dispone que sus escuderos devuelvan los caballos a la primera doncella de Sardamira, salvo el de Gradamor, que se lo regala a Grumedán. También les da ordenes para que desvelen su identidad a Don Grumedán. Éste transmite las excusas de Florestán a la reina y le cuenta quien es: hijo del rey Perión y de la condesa de Salandia. Sardamira ya tenía noticias de Florestán por medio de los hijos del marqués de Ancona. Cuando era joven, Florestán vivió tres años cerca de Roma peleó junto a los hijos del marqués ganado fama y honores. También sabe que no es muy apreciado por Patín porque es hermano de Amadís (y ya sabemos cuanto le odia). La reina cree que ese odio se debe a que Amadís se adelantó en la conquista de la Ínsula Firme. Grumedán la saca de su error y le cuenta la disputa que tuvieron aquella noche en el bosque, tiempo ha.

Libro III, Capítulo 76 (2 de 3)

El primer caballero jactancioso se lanza contra Florestán. Rompen las lanzas en el encontronazo. El romano cae y se parte el brazo derecho y queda tendido en el suelo conmocionado. Florestán ordena a su escudero que recoja el escudo del caído y lo cuelgue de un árbol cercano. Florestán se coloca en posición a la espera del segundo caballero. Comienza la justa. Florestán golpea tan fuerte al romano que le arranca del caballo con silla de montar incluida. Su lanza atraviesa el escudo y hiere al romano en la carne. Desde su caballo Florestán ironiza: "Puesto que habéis conservado vuestra silla, quedáosla, que yo me quedaré con vuestro caballo". Y lo dice en voz muy alta, con sorna y guasa, para que lo oigan las damas y el resto de los romanos. Grumedán hace un jocoso comentario sobre la aptitud caballeresca de los romanos. Gramador, el más principal de todos ellos, se irrita y dice que pronto llegará su turno y hará callar a Florestán. Y que todavía tendrá fuerzas para ajustar cuentas con Grumedán. Éste le responde que no tiene inconveniente en luchar con él si se da el caso. El escudero de Florestán recoge el segundo escudo romano. Le retiran al herido la punta de lanza que le hiere el costado. El romano lanza un alarido de dolor y pide confesión.
Florestán se enfrenta al tercer caballero, que monta un potente caballo, aunque sale con menos ímpetu que sus compañeros precedentes. Entra en la justa de soslayo y yerra el golpe con su lanza. Florestán. le alcanza en el yelmo, le rompe los lazos y se lo arranca. El romano a duras penas consigue mantenerse encima de su caballo agarrado al cuello de su montura. Florestán le ataca con saña con su lanza. El romano se defiende con su escudo, aunque Florestán lo hace tan fuerte que el romano tiene que ir retrocediendo. Florestán le golpea en la cabeza y el romano, aturdido, pierde las riendas. Florestán arroja su lanza y le arranca el escudo al romano. Le golpea dos veces con él en la cabeza hasta que el caballero cae al suelo. Florestán se lleva caballo y escudo del romano y vuelve a ponerse en posición.
Tras cruzar lanzas con el cuarto caballero, el romano cae al suelo y se parte el tobillo sin poder levantarse. Florestán hace recoger el cuarto escudo.
Llega el turno de Gradamor que se lanza sobre Florestán vociferando amenazas. Tras un durísimo choque, Florestán perfora el escudo de su rival y lo derriba. Gradamor cae en una charca embarrada. Florestán se lleva escudo y caballo. Grumedán comenta jocoso que luchará contra Gradamor en cuanto éste seque sus armas y consiga otro caballo. Sardamira se irrita por las baldías bravatas e incompetencia de sus caballeros. Gradamor se levanta cubierto de lodo y, encolerizado, reta a Florestán a seguir el duelo a espada, ya sea a pie o a caballo. Florestán, con sorna, acepta continuar la lucha a pie.

viernes, 23 de abril de 2010

Libro III, Capítulo 76 (1 de 3)

La Expedición de Patín pasa por Lombardía. Desde allí embarcan hacia Gran Bretaña. Llegan al puerto de Fenusa, donde se encuentra Lisuarte y su corte. Les recibe cordialmente, escucha su petición y les pide un mes de plazo para dar su respuesta a Patín. Mientras, acuerdan que Sardamira y sus doncellas se alojen en Miraflores, junto a su hija Oriana. El rey intuye que su hija no está muy inclinada al casamiento y con la cercana compañía de Sardamira, que le hablará de las maravillas de Roma, espera que cambie de parecer. Sardamira parte hacia Miraflores escoltada por Don Grumedán y por los caballeros romanos y sardos (pues era reina de Cerdeña). Acampan junto a un río y cinco caballeros dejan sus escudos fuera de las tiendas. Grumedán les advierte que dejar los escudos a la vista es una provocación y que cualquier caballero que pase se sentirá obligado a retarles. Los caballeros responden que conocen esa costumbre y que los han dejado así adrede. Al poco rato pasa por ahí Florestán que regresaba de una larga e infructuosa expedición en busca de su hermano Amadís. Sabedor de la llegada de los romanos, se acerca para preguntar por alguna novedad sobre su hermano. Se acerca a las tiendas, que tenían las alas levantadas y se queda absorto contemplando la belleza de Sardamira. Una de sus doncellas le afea su conducta y le señala los escudos de los caballeros romanos. Florestán se excusa. La doncella le exige que se marche o se verá las caras contra los romanos. Florestán se envalentona y pretende vencer a los cinco y llevarse sus escudos a la Ínsula Firme. Grumedán, que estaba cerca, escucha todo en silencio y complacido. Florestán se acerca a los escudos y los toca uno a uno con la punta de su lanza. Luego se aparta y se prepara para el inicio de la justa. Los romanos montan en sus caballos y se lanzan en tropel sobre Florestán, que debe pararlos y recordarles que según las reglas de la justa, deben enfrentarse a él de uno en uno y siguiendo el orden establecido por él mismo al tocar sus escudos. Grumedán lo confirma y se ofrece para sustituir a Florestán, en el caso de que fuera vencido en las primeras justas. Florestán se prepara para los combates singulares.

jueves, 22 de abril de 2010

Glosario: Letras T-U-V-X-Y-Z

Tafinor: (cap 70) Rey de Bohemia. Padre de Grasandor.
Tagadán:(cap 63) Rey de Sobradisa, padre de Briolanja.
Tagades: (cap 78) Plaza de Lisuarte.
Taisán:(cap 67) Caballero de Lisuarte, lucha bajo el mando de Cildadán en la batalla de Mongaza.
Talancia, Arzobispo de: (cap 71) Servidor del Emperador Patín. Capturado por los de la Ínsula Firme en la batalla naval del cap 81.
Talanque:(cap 59) Hijo de Galaor y de Juliana.
Tantalís el Orgulloso:(cap 67) Caballero de la Ínsula Firme. Lucha en el bando de Galvanes durante la guerra de Mongaza.
Tantiles:(cap 62) Caballero, Mayordomo y Gobernador de Sobradisa. Ofrece asilo a Amadís durante su exilio de Gran Bretaña. Tiene una brillante ocurrencia en la batalla del cap 81.
Targadán:(cap 68) Uno de los Siete Reyes.
Tarín:(cap 64) Hermano de Corián y primo de Adamas. Lucha al lado de su primo y muere.
Tasilana:(cap 63) Villa de Lisuarte donde retenía a Madasima.
Teolís el Flamenco:(cap 15) Conde de Clara.
Tío de Barsiñán: (cap 116) Ex-regente de Sansueña. Muerto de un lanzazo por Norandel en la Batalla de Luvania.
Torín:(cap 40) Castillo de Briolanja
Tradiles el Orgulloso:(cap 63) Caballero de la Ínsula Firme
Trión: (cap 97) Hijo menor de Abiseos. Crece odiando a Briolanja. Intenta un golpe de Estado y es apresado por los caballeros de la Ínsula Firme Cuadragante y Brian. Luego se reconcilia con su prima a la que servirá con lealtad.
Tristán de Leonís: (cap 129) Se le cita porque mata a Bravor el Brun, Señor de la Ínsula de la Torre Bermeja
Urgan el Picardo:(cap 2) Sabio-adivino de la Gaula.
Urganda la Desconocida:(cap ?) Hechicera que favorece a Amadís.
Uther Pendragón: (cap 129) Se le cita por ser coetáneo de don Segurades, Señor de la Ínsula de la Torre Bermeja.
Vadamigar:(cap 58) Caballero del rey Cildadán, muerto por Amadís.
Valderín:(cap 19) Castillo de Arcaláus, lleno de prisioneros.
Valladós:(cap 44) Padre de Bruneo. Marqués de Troque.
Vanaín:(cap 10) Rey de Noruega, padre de Olinda.
Vega:(cap 57) Puerto marítimo de Gran Bretaña, frente a las costas de Irlanda.
Vegil:(cap 49) Puerto de Gran Bretaña
Viejo provecto:(cap 59) Encierra a Galaor y Cildadán durante su convalecencia.
Vindilisora:(cap 13) Villa de Lisuarte. Allí, en juicio de Dios, Amadís vence a Dardán.
Ymosil:(cap 63) Hermano del duque de Borgoña.
Ysanes: (cap 81) Caballero de la Ínsula Firme. Pariente por parte materna de Florestán.
Zamando:(cap 74) Puerto marítimo de Gran Bretaña.