jueves, 14 de enero de 2010

Libro II, Capítulo 64, tercera parte

Lisuarte acompañado de Grumedán y Giontes llama a Brocadán y Gandandel. Les echa en cara que antes tanto le prevenían de la probable traición de Amadís y ahora, en el momento de defender esa afirmación, delegan cobardemente en sus hijos. Grumedán les reprocha tan malos consejos dados al rey y la injusticia que se ha cometido con Amadís. Vanse todos.
Angriote y Sarquiles velan armas en la ermita de Santa María. Al alba, acompañados de los doce caballeros, van al campo de justa. Allí les espera el rey, el pueblo y los jueces: Arbán, Giontes y Quironante, el buen justador. Sarquiles y Angriote se sitúan en un extremo del campo. Enfrente están los hermanos Tarín y Corián y su primo Adamás. Giontes toca la trompa. Se inicia la justa: Tarín y Corián contra Angriote, Adamás contra Sarquiles. Tarín parte su lanza en su encuentro con Angriote que derriba a Corián de un lanzazo. Tarín ataca a Angriote con la espada. Intenta herirle en la cabeza, pero falla y solo consigue herir a su caballo en el pescuezo. Angriote tiene tiempo de derribar a Tarín antes de saltar de su propia montura. Angriote lucha a pie con la espada contra los dos hermanos. Sarquiles lucha a caballo con su espada contra Adamás. Consigue abrazar a su contrario y ambos caen al suelo. Angriote corre a socorrerlo perseguido por los dos hermanos. Se mantienen los mismos enfrentamientos. Angriote contra los hermanos y Sarquiles contra Adamás. Sarquiles acaba rapidamente con Adamás y ayuda a Angriote. Los dos mano a mano derrotan con facilidad a lo hermanos que son derribados y muertos. Brocadán y Gandandel se retiran acongojados y llenos de angustia. También el rey se retira. Le pesa la victoria de los amigos de Amadís. Angriote y Sarquiles se encaran a los jueces que declaran que ambos han satisfecho su honra. Se retiran con sus amigos, con Madasima y sus doncellas a sus tiendas para descansar y curar sus heridas.


Y así termina el LIBRO II de "AMADÍS DE GAULA"

miércoles, 13 de enero de 2010

Libro II, Capítulo 64, segunda parte

Lisuarte, tras la misa matutina, sale de paseo y se tropieza con los caballeros de la Ínsula Firme. Los recibe con honores. Galvanes solicita el derecho a defender a las doncellas. Lisuarte le responde que no teman, que resolverá lo que crea más justo. Al día siguiente, Lisuarte asiste a la misa junto a los doce caballeros. Luego hace venir a Brocadán y Gandandel. Ymosil y Ledaderdín piden su derecho a defender a las doncellas. Gandandel responde que ellas aceptaron responder con sus vidas si el rey Lisuarte no obtenía la ínsula del Lago Ferviente. Como Gromenesa se ha negado a entregarla, las doncellas deben morir. Ymosil opina que no. Gandandel opina que sí. El rey tiene que decidir. Todos se retiran. El rey se queda acompañado de algunos caballeros. Lisuarte le pide consejo a Argamón, su tío, conde honrado e inteligente. Pero éste le dice que la decisión es única y exclusivamente suya. Lisuarte decide escuchar las alegaciones de las doncellas. Las traen. Los caballeros de la Ínsula Firme se ofrecen como sus valedores. Madasima acepta la proposición. Ymosil exige que se presenten doce caballeros que justarán contra ellos. Gandandel y Brocadán no abren la boca. El rey despide a todos hasta el día siguiente. Habla a solas con los consejeros. Les dice que ellos o sus hijos deben responder al desafío. Ya en su casa, Brocadán y Gandandel hablan con sus hijos, que se muestran reticentes a aceptar el reto.
Por fortuna, esa noche llega un mensaje del conde Latine: Gromenesa ha muerto y el conde se ha apoderado de todos los castillos del Lago Ferviente. Al día siguiente, Lisuarte libera a las doncellas. Madasima se compromete en matrimonio con Galvanes. Ymosil tercia ante el rey por Madasima. Le pide que no la deje sin herencia. Lisuarte responde que ya ha cedido Mongaza a su hija Leonoreta. Galvanes insiste en que cambie de opinión. Lisuarte no da su brazo a torcer. Galvanes le amenaza con recuperar las posesiones de su novia por la fuerza con ayuda de Amadís. Florestán insinúa la misma idea pero más suave. Brián reitera sobre lo mismo y se declara amigo y compañero de Amadís. El ambiente se caldea por momentos. Varios caballeros se levantan. El rey alza la vara para calmar los ánimos. Llegan Angriote y Sarquiles y se presentan ante el rey. Angriote acusa a Gandandel y Brocadán de desleales y falsos. Les acusa de haber obligado a marcharse a Amadís con malas artes y consejos felones. Gandandel recuerda los buenos servicios que ha prestado a Falangriz y Lisuarte y acusa a Angriote de querer desprestigiarlo. Sarquiles cuenta como oyó la conversación entre Brocadán y Gandandel que confirma su deslealtad. Y si ellos, por razón de edad, intentan eludir el reto, que sean sus hijos quienes respondan. Aparece Adamas, hijo de Brocadán y sobrino de Gandandel. Acusa de mentiroso a Sarquiles y lo reta. Sarquiles lo acepta. Todos se retiran a la espera del duelo, al día siguiente.

lunes, 11 de enero de 2010

Libro II, Capítulo 64, primera parte

Oriana se ha quedado embarazada tras sus escarceos con Amadís. Se lo cuenta a Mabilia y a la Doncella de Dinamarca. Acuerdan ocultar el embarazo y planear el nacimiento para mantenerlo en secreto. Le pide a la Doncella de Dinamarca que se haga pasar por la medre del niño y ésta acepta. Deciden que la Doncella de Dinamarca visite con frecuencia a Adalasta, la abadesa de Miraflores, y cuando Oriana haya parido, la Doncella le llevará el bebé al convento diciendo que es suyo y le pedirá que lo críe.
Lisuarte se reune con Madasima. La amenaza con decapitarla junto con sus doncellas por el incumplimiento del trato por parte de su madre Gromenesa. Madasima se arrodilla pidiendo clemencia e implorando el favor de algún caballero defensor de su causa. Gandandel se opone a concederle el derecho de que un caballero la defienda y aconseja decapitarla de inmediato. Grumedán, por el contrario, le dice al rey que permita que algún caballero la defienda. Anuncia que los caballeros de la Ínsula Firme están de vuelta para ese fin, y que pueden enfrentarse a Gandandel o a sus hijos. Lisuarte pregunta por los caballeros de la Ínsula Firme que van a venir en defensa de Madasima. Grumedán le dice sus nombres. Cuando los oye, Gandandel teme por sus hijos, pues conoce la destreza, el valor y la fortaleza de Florestán, Agrajes, Brián y Galvanes. Se reune con su cuñado Brocadán. Planean convencer al rey Lisuarte de que ejecute a Madasima antes de la llegada de sus valedores. En un cuarto contigüo está Sarquiles, mancebo sobrino de Angriote de Estravaus. Está enamorado de Gadanza, una sobrina de Brocadán, y por esta razón se encuentra escondido en casa del consejero. Oye los planes de los pérfidos cuñados y en cuanto puede parte hacia la corte. Le cuenta las intrigas de tan nefastos consejeros y a continuación parte hacia la Ínsula Firme a reunirse con su tío. Lo encuentra en compañía de Amadís y Bruneo. Están preparando un barco para un próximo viaje de Amadís a la Gaula para visitar a sus padres. Sarquiles les cuenta lo que oyó en casa de Brocadán, lo que confirma las sospechas de Angriote que decide partir con su sobrino para castigar a los inicuos validos por tan nefanda felonía.
Brocadán y Gandandel se reunen con el rey y tratan de convencerle de que ejecute a Madasima antes de la llegada de los caballeros de la Ínsula Firme. Lisuarte, avisado por Sarquiles, se da cuenta del malicioso proceder de ambos consejeros. Rechaza sus consejos y lamenta haber obligado a Amadís a partir de su reino. Brocadán cree que ya no pueden echarse atrás y deben mantenerse firmes en su decisión. Gandandel, dubitativo, ya no sabe que hacer.

domingo, 10 de enero de 2010

Libro II, Capítulo 63, segunda parte

Amadís y sus amigos llegan a la Ínsula Firme donde son recibidos con alborozo. Los aposentan en una gran villa cercana al castillo. La isla tiene nueve leguas de largo por siete de ancho. Apolidón había construido cuatro moradas: el palacio de la serpiente y los leones, el palacio del ciervo y los perros, el Palacio Tornante (tres veces por día y tres veces por noche se tornaba tan recio que los que dentro estaban temían que se hundiera) y el palacio del toro (con un toro que salía de una osura galería embistiendo a la gente y luego rompía una puerta de hierro y se metía en una torre. Al poco salía con un mono montado en su grupa, manso cual cordero. El mono era viejo, de pellejo colgante y conducía al toro de nuevo hasta la galería). Llega el ermitaño Andalod de la Peña Pobre para visitar a Amadís que lo recibe con alegría. Ha fundado un monasterio al pie de la Peña Pobre, en la ermita de la Virgen. Al frente de la comunidad de treinta frailes ha quedado Sisián. Amadís les concede rentas suficientes para vivir. Andalod se torna a la Peña pobre. Llega Baláis de Carsante (exprisionero de Arcaláus) que al conocer la marcha de Amadís, también ha renunciado al servicio del rey Lisuarte. Lo acompaña Olivas. Baláis le trae las últimas nuevas sobre Lisuarte: ha mandado reunir a todos sus caballeros porque las fuerzas que envió al mando del Conde Latine a Mongaza han encontrado resistencia. El gigante viejo les entregó todas las plazas y castillos que controlaba, pero Gromanaza, que posee el castillo más fuerte, el del Lago Ferviente, se niega a entregarlo. Controla además otras tres plazas fuertes defendidas por imponentes castillos. Antes morirá que entregar sus posesiones y le es indiferente el destino de su hija Madasima y de sus doncellas. Lisuarte amenaza con decapitarlas si no se le entrega Mongaza antes de un mes. Amenaza con ocupar por la fuerza el castillo del Lago Ferviente y arrojar a Gromadaza a los leones. Galvanes recuerda que está obligado a defender a Madasima y pide ayuda a sus amigos. Flortestán, Brián y Cuadragante están dispuestos a hacerlo. Amadís propone que se designe a doce caballeros, uno por doncella, para que luchen por salvar sus vidas. Amadís y el resto quedarán en reserva por si la situación se complica. Los elegidos son Galvanes, Agrajes, Florestán, Palomir, Dragonís, Brián, Nicorán de la Torre Blanca, Orlandín, Gavarte, Ymosil (hermano del Duque de Borgoña), Madancil de la Puente de la Plata y Ledaderdín de Fajarque. Todos de acuerdo parten al día siguiente hacia Tasilán, donde se encuentra Lisuarte.

sábado, 9 de enero de 2010

Libro II, Capítulo 63, primera parte

Amadís va al palacio para despedirse del rey. [Ahora viene una relación de caballeros cuya nomenclatura no está muy fijada. Pongo las variantes entre corchetes]Con la misma intención le acompañan Galvanes, Agrajes y Florestán, Dragonís y Talomir [o Palomir](cohermanos de Amadís), Bruneo y su hermano Branzil [o Branfil], Angriote, su hermano Grondomán [o Grindonán] y su sobrino Pinorés [o Pinores]. Cuadragante también se despide del rey reprochándole su actitud, aunque éste desprecia su opinión. También se marchan Landín (sobrino de Cuadragante), Brián de Monjaste [o Bonjaste] (hijo del rey Ladasán de España y de una hermana de Perión de Gaula), Gandiel Urlandín (hijo del conde de Urlanda), Grandores, Madancil [o Madansil] de la Puente de Plata, Nicorán [o Listorán] de la Torre Blanca, Ledaderdín [o Ledaderín o Ledadín] de Fajarque, Tradiles [o Transiles] el Orgulloso y Don Gavarte [o Gabarte] del Val Temeroso.
Amadís desea despedirse de la reina, pero Lisuarte no se lo permite. Le envía su despedida mediante Grumedán. Se retira con sus amigos y tras la comida se dirigen hacia la Ínsula Firme: llega a formarse un grupo de más de quinientos caballeros, todos de gran linaje y pericia con las armas, muchos hijos de reyes, condes y nobles.
Oriana se queda triste y desconsolada, aunque Mabilia la consuela diciendo que hasta ahora Amadís había compartido la gloria con su padre el rey, pero a partir de ahora será toda para él y en honor a su amada.
Otros caballeros acuden a despedir y honrar a los que se marchan: el rey Arbán de Norgales, Grumedán, Brandoibas, Quironante, Giontes (sobrino del rey Lisuarte), Listorán el Justador,... Todos hacen votos de amistad con Amadís. Llega Guilán, atribulado. Su deseo es acompañar a Amadís, obligado por todos los favores que ha recibido de él y sus hermanos, pero no puede hacerlo por las circunstancias de su vida y de su hacienda. Se despiden haciendo promesa de amistad eterna. (Guilán también está enamorado de Oriana)
El grupo llega al anochecer a la ribera del mar y acampa. Al día siguiente, Lisuarte advierte cuanto ha menguado su grupo de caballeros. La duda le asalta: quizás ha obrado equivocadamente. Brocadán y Gandandel intentan que no cambie de opinión. Lisuarte los rechaza de forma desabrida.
Una doncella de Briolanja llega con noticias para Oriana de la Estancia de Briolanja en la Ínsula Firme: Briolanja estuvo cinco días en la isla. Primero se alojó en una posada a una legua del castillo. A la hora de comer la llevaron a una gran sala ricamente labrada. Junto a ella había una cueva oscura y profunda. Más allá, un castillo con una hermosa torre. Desde las ventanas de la torre se podía ver todo lo que ocurría en la sala. La reina y sus doncellas comieron en la torre, sus caballeros, en el castillo. Ya estaban en el segundo plato cuando oyeron unos fuertes silbidos y vieron humo saliendo de la cueva. De ella, súbitamente, salió una serpiente gigantesca que echaba humo por narices y boca y sacudía con violencia la cola. Tras ella salieron dos leones que lucharon ferozmente con la serpiente hasta caer desfallecidos. La serpiente los recogió con la boca y se metió en la cueva. Tras este emocionante espectáculo, la reina y sus acompañantes terminaron la comida. El segundo día llevaron a la reina de excursión por la isla. Por la noche la alojaron en una cámara ricamente adornada. A medianoche se abrieron las puertas con estrépito: en la cámara entró un ciervo con candelas encendidas en los cuernos. Era de cuerpo blanco y cuello y cabeza negros, con un cuerno dorado y el otro rojo. Tras el ciervo, acosándolo, venían cuatro perros. Y más atrás, un cuerno de marfil con vergas de oro que flotaba en el aire y sonaba excitando a los perros. El ciervo, perseguido por los perros, corrió por la habitación, saltando sobre las camas hasta verse acorralado y solo pudo escapar saltando por la ventana. Los perros salieron tras él. La reina y sus doncellas quedaron sobresaltadas, con la ropa de cama revuelta y por el suelo. En ese momento llegó una niña pequeña con dos doncellas y una dueña con velas encendidas. La niña preguntó a la reina que hacía levantada a esas horas. La dueña le dijo que esa noche no habría más emociones y que podían dormir tranquilas.
El tercer día las llevaron a un bosque con pinares, prados y ríos. Llegaron a una casa redonda con doce columnas de mármol, paredes de cristal, puertas de oro y plata y en cada columna, dentro de la casa, una imagen de cobre de gigantes armados con arcos y flechas. Si alguien intentara entrar en esa casa sería reducido cenizas al ser alcanzado por las flechas ardientes de los gigantes. Para mostrárselo, introdujeron en la casa dos gamos y un ciervo. Y murieron carbonizados. Leyeron un mensaje grabado en las puertas: nadie podrá entrar salvo aquellos que amen tanto como amaron Apolidón y Grimenesa. Deben entrar juntos, no por separado. Cuando lo hagan y tengan ayuntamiento en su interior, todos los encantamientos de la isla cesarán. La reina preguntó a Ysanjo y a Enil por la serpiente y los leones y por el ciervo y los perros. Ysanjo no supo contestar, solo sabía que sierpe y leones luchaban cada día y los perros acosaban al ciervo cada día y que terminaban arrojándose de la ventana a un lago que creía que estaba comunicado con el mar.
El cuarto día visitaron el castillo principal. Briolanja pasó bajo el Arco de los Enamorados: la trompa sonó melodiosa y en el jaspe apareció un nueva inscripción: "Briolanja, hija de Tagadán, rey de Sobradisa, es la tercera doncella que aquí entró".
El quinto día visitó la Cámara Defendida: sobrepasa el padrón de cobre y llega al de mármol. Lo lee y lo supera pero a tres pasos de la puerta, tres manos surgidas de no se sabe donde la agarran de los cabellos y la arrastran hasta fuera.
Al día siguiente, la reina partió hacia Sobradisa.

jueves, 7 de enero de 2010

Glosario: Letra C

Caballero anciano: (cap 21) Custodia una carreta con una estatua. Amadís lucha con él y lo derrota.
Caballero de la Corona
Caballero de la Floresta: Alias de Florestán.
Caballero de la Fuente: (cap 21)Le roba el caballo a Galaor y éste lo mata.
Caballero de los Leones: (cap 11) Alias de Amadís.
Caballero del Escudo Verde: (cap 34) Primo de Arcaláus. Lucha con Lisuarte en la trampa que le tiende la doncella en los caps. 29-34.
Caballero del Puente: Amigo de Dardán. Muerto por Amadís.
Caballero liberado de Bradoid: (cap 11) Liberado por Amadís. Amigo (¿amante?) de Urganda.
Caballero vencido de Bradoid: (cap 11) Vencido por Amadís, claro.
Caballero viejo: (cap 33) Padre de la doncella enlutada. Descontento de los actos de su hija, intercede para salvar la vida de Galaor y Amadís.
Caballeros del Duque de Suecia: (cap 122) Son dos. Enviados por el duque a Alimenta para sojuzgar y atemorizar a sus habitantes. Derrotados por Bruneo.
Caballero-gobernador: (cap 127) Gobernador de la Ínsula del Infante. Aprovisiona, informa y guía a Amadís antes de su enfrentamiento con Balán.

Califán: (cap 108, cap 132) Importante ciudad de Sansueña.

Carduel: (cap 68) Caballero del rey Targadán.
Cartadaque: (cap 54) Gigante de la Montaña Defendida. Sobrino de Famongomadán.
Celinda: (cap 66) Hija del rey Hegido, Señora del castillo del Gran Rosal. Amante del joven Lisuarte y madre de Norandel.
Cendil de Ganota: (cap 65, 79) Caballero de Lisuarte. Reta a los Caballeros de la Ínsula Firme.
Cildadán: (cap 53) (o Cildarán) Rey de Irlanda, casado con una hija de Abiés.
Comán: (cap 65) Caballero de la Ínsula Firme.
Conde de Gloucester: Caballero de Lisuarte.
Conde Gantiles: Ver Gantiles.
Conde Latine: (cap 63): Jefe de la expedición militar enviada por Lisuarte para ocupar Mongaza.
Conde Liquendo: Ver Liquendo.
Constancio: (cap 110) Mancebo romano, hermano de Brojandel de Roca.
Corazón el de la Puente Medrosa: (cap 55) Caballero de Lisuarte con fama de gran justador. Mientras escoltaba a Leonoreta, reta por deporte a Amadís que lo derrota con facilidad.
Corián:(cap 64) Hermano de Tarín y primo de Adamas. Lucha al lado de su primo y muere.
Corisanda: (cap 41) Señora de Gravisanda. Amante de Florestán.
Cuadragante: (cap 44) Hermano de Abiés de Irlanda.

miércoles, 6 de enero de 2010

Libro II, Capítulo 62

El día siguiente es el acordado para el combate entre Bruneo de Bonamar y el hermano de la doncella alta. Éste se llama Madamán el Envidioso. Ambos acuden al campo flanqueados por jueces y camaradas. La lucha comienza: parten lanzas en el primer choque. Madamán cae al suelo. Bruneo resulta herido de levedad en el pecho porque la lanza de su contrario le atraviesa el escudo. Madamán le pide que descabalgue para combatir en igualdad. Bruneo accede. Continúan la encarnizada lucha. Destrozan escudos y armaduras y se hieren varias veces. Ambos sangran profusamente. A la vez, sus caballos, que han quedado sueltos, se enzarzan en una pelea a bocados y coces, tan encarnizada que el caballo de Madamán termina por huir fuera del cercado del campo de justa. Bruneo consigue una cierta ventaja sobre Madamán. Éste propone una pausa para restañar heridas y recuperar fuerzas. Bruneo se niega y le ataca con mayor denuedo. Madamán a duras penas contiene su ataque. Madamán se va retirando, corre hacia la costa y llega al borde de un acantilado. Bruneo le persigue y le empuja. Madamán, despeñado, muere. Su hermana Matalesa, la doncella alta, corre desesperada hasta allí. Recoge la espada de su hermano, se la clava, muere y cae también por el acantilado. Llevan a Bruneo en loor de multitud hasta la posada de Amadís. Allí le curan y recibe la visita de caballeros, doncellas y dueñas.
Briolanja decide volver a su reino para ocuparse de sus asuntos. Antes pasará por la Ínsula Firme para probarse en la Cámara Defendida. Enil la acompañará.
[...]
Historia del rey Lisuarte: Cuando era joven infante, sin reino ni fortuna, viajó por el mundo en busca de aventuras. De paso por Dinamarca conoció a Brisena, princesa de aquel reino. Se enamoraron y se casaron. Tiempo después heredó el reino de Gran Bretaña al morir su tío Falangriz sin descendencia. Pasan los años y consigue atraer a su reino a la flor y nata de la caballería andante: Amadís, Galaor y los demás. Así consigue acrecentar su reino en tierras, honores y prestigio. Pero no todo iban a ser buenaventuras en su reinado: Lisuarte tenía dos ancianos consejeros, cuñados, que ya habían asesorado al viejo rey Falangriz. Se llamaban Brocadán y Gandadel. Éste último tenía dos hijos, caballeros apreciados por su valía en la corte hasta la llegada de Amadís y sus hermanos que oscurecieron sus méritos. Por esta razón, su padre ideó un plan para conseguir que los rivales de sus hijos se marcharan del reino. Habló con el rey sobre Amadís: aunque era caballero de gran mérito y había completado numerosos y buenos servicios en favor del reino, no debían olvidar que se trataba del hijo del Rey de Gaula, reino tradicionalmente enemigo de la Gran Bretaña. Tener a Amadís y sus hermanos en el corazón del reino era un riesgo que no debía correr.
Lisuarte no queda muy convencido, pero Gandandel habla con su cuñado Brocadán para que lo apoye. La sospecha prende en el ánimo de Lisuarte, que olvida como Galaor le salvó de Arcaláus o Amadís de Madanfabul. Deja de visitar a Amadís en su convalecencia.
Lisuarte se reune con Madasima y sus doncellas y con el viejo gigante Andaguel, sus hijos y los nueve caballeros. Todos ellos eran sus rehenes. Lisuarte exige que le entreguen la ínsula Mongaza, tal como se había acordado. Andaguel accede. Madasima permanecerá como rehén hasta que se resuelva el pleito. La doncella es escoltada por varios caballeros, entre otros, Galvanes sin Tierra que termina enamorándose de ella. Le pide en matrimonio y ella acepta. Galvanes se lo cuenta a Amadís y éste se ofrece para mediar por ellos ante Lisuarte: quizás consiga que les ceda el señorío de la isla de Mogaza aunque sea sujetos a vasallaje a Gran Bretaña. Entre tanto, Gandandel prosigue en su labor de zapa para lograr que el rey desconfíe totalmente de Amadís y de sus hermanos.
Una vez repuesto de sus heridas, Amadís se dirige al palacio. Gandandel no ha logrado su objetivo por completo, pero el rey se resiste a recibir a Amadís. Ante su insistencia, Lisuarte accede a recibirlo, pero en presencia de Gandandel y Brocadán. Amadís no sospecha que ambos consejeros solo quieren su desgracia. Amadís le pide la cesión del señorío de Mongaza para Galvanes y Madasima. Lisuarte le responde que ya se la ha prometido a su hija Leonoreta. Amadís le pide que libere a Madasima para que pueda casarse con Galvanes y que él les cederá su Ínsula Firme hasta que obtengan un destino mejor. El rey contesta que no tiene intención de liberarla y que, si le viene en gana, la ajusticiará. Amadís le pide mesura en sus respuestas. El rey responde que si no se encuentra a gusto en su corte puede partir en busca de lugares más acogedores. La ingratitud del rey es una bofetada para Amadís. Le dice que si no le place su presencia, se marchará a otras tierras. El rey se retira con sus consejeros, que lo adulan y felicitan por su actitud. Cuando se lo cuenta a su esposa, Brisena muestra su descuerdo e intenta favorecer a Amadís sin conseguirlo.
Amadís concierta una cita con Oriana por mediación de Mabilia. También convoca a sus camaradas. Por la noche se reúne con Oriana y se aman. Luego, mientras descansan en el lecho, le cuenta lo ocurrido y su decisión de irse. Oriana se entristece pensando en la gran pérdida que supone para los caballeros del rey. Al día sigiente se reúne con sus compañeros y les cuenta el conflicto con el rey y su decisión de partir. Angriote sospecha de los viejos consejeros como inductores del enfado real. Se lo dice a Amadís y le propone que se enfrenten a ellos y a sus hijos. Amadís no se lo permite. Angriote se reprime. Amadís dice que piensa despedirse de los reyes y marchar a la Ínsula Firme, donde nada le faltará. Les dice que también lo recibirán con alegría en la Gaula, el reino de su padre, o en Escocia, de su primo Agrajes, o en el reino de Briolanja, como corrobora el caballero Tantiles, mayordomo y gobernador de Sobradisa. Cuadragante le dice que le acompañarán los caballeros que le quieren bien. En cierto momento, Lisuarte pasa cerca del lugar donde están reunidos. Va de caza con Gandandel, pero no les dirige la palabra, no les mira a la cara, sigue su camino como si tal cosa.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Libro II, Capítulo 61

Meditaba Lisuarte un plan para liberar a Arbán de Norgales y a Angriote cuando una nave arriba a su puerto. De ella desembarca una doncella acompañada por dos escuderos y pregunta por el rey. Es una mujer alta, un palmo más alta que cualquier caballero de la corte, hermosa y ricamente vestida. Trae cartas de creencia para el rey y la reina. Viene de parte de Gromadaza, la giganta del Lago Ferviente, aliada de Madasima y de Ardán Canileo el Dudado. Proponen un combate singular entre Ardan Canileo y Amadís. Si vence Amadís liberarán a los dos prisioneros y cederán sus tierras a Lisuarte. Si vence Ardán, quieren el cese de hostilidades y la cabeza de Amadís. Si no acceden, ajusticiaran a los dos caballeros prisioneros. Como garantía, Madasima y doce doncellas más quedarán bajo la custodia real y pagarán con su vida el incumplimiento de lo que se acuerde. En su reclusión estarán acompañadas por el rey Andanguel con dos de sus hijos y nueve caballeros.
Amadís acepta el reto con todas sus condiciones. Incluso invita a la doncella a alojarse junto con sus escuderos en su propia casa, a pesar de que ella le declara un odio mortal. Bruneo se ofrece para sustituir a Amadís en el combate contra Ardán. La doncella se niega pero le reta a enfrentarse a su propio hermano, si se atreve. Bruneo acepta e intercambian gajes. Amadís acompaña a la doncella a su casa y para agasajarla, la aloja en las mejores dependencias. La dejan sola en el cuarto de armas y ella aprovecha para robar la espada de Amadís. Se la pasa a uno de sus escuderos que la lleva a su barco. Amadís ha dejado a Enil para que asista a la doncella, pero ésta desprecia todos los manjares que le ofrece. Antes de acabar la cena decide marcharse. Ya en el barco se reúne con Madasima y con Ardán Canileo y les cuenta el resultado de sus gestiones. Les cuenta como ha hurtado la espada de Amadís. Exultante, Ardán le dice a Madasima que piensa vengarla ganando a Amadís y devolverle sus tierras. A cambio él espera que ella le entregue su amor. Madasima calla. Por un lado necesita a Ardán para cumplir su venganza, por otro, ella es hermosa y él, feo y esquivo. La idea de casarlos ha sido de su madre la giganta.
Historia de Ardán Canileo el Dudado: Natural de Canileo, de sangre de gigantes, era alto pero no gigantesco. Fuerte, de cara ancha y roma, como de perro (de ahí "canileo"), greñudo y crespo, de aspecto leonino. 35 años de edad y diez años de victoriosa carrera caballeril.
Madasima le entrega la espada de Amadís a Ardán.
Vuelven de cacería Agrajes, Florestán, Galvanes sin Tierra y Guilán. Se enteran de todo lo ocurrido y lamentan no haber estado presentes para participar en el combate, sobre toto Guilán conocedor de la bravura en el combate de Ardán. Todos se quejan a Amadís por no contar con ellos. Les explica que se trata de un combate singular y que solo él ha sido emplazado.
Al día siguiente, Amadís y sus amigos reciben a mdasima y al resto de rehenes. Ella, vestida de negro, pero muy hermosa, se inclina ante Amadís que flirtea un rato con ella. Esto inflama de celos a Ardán y se enfrentan dialecticamente: Ardán le amenaza con cortarle la cabeza y Amadís le asegura que le ganará solo con la intención de evitar su matrimonio con Madasima. Esta afirmación irrita a Ardián pero alegra secretamente a Madasima. El combate queda fijado para el día siguiente. El rey ordena cercar un terreno cercano como campo de batalla e invita a Amadís y a sus amigos a pasar la noche en su castillo. Amadís acepta. Gandalín recoge las armas de su amo y descubre que falta la espada. Desesperado informa a su amo. Amadís le dice que no tiene importacia aunque en su fuero interno se preocupa. Le pide que vaya en busca de la espada con la que fue arrojado al mar y que custodia Guilán y que le diga a Oriana que quiere tenerla siempre a la vista durante el combate.
Llega la noche. Amadís se confiesa. Amanece. Amadís se viste para la pugna. Mabilia le trae unas joyas como talismanes que llevará bajo la armadura. Le traen el caballo y parte al combate. Florestán le lleva la lanza, Guilán, el escudo y Bruneo, el yelmo. El rey preside en el campo. Las doncellas y dueñas, en las ventanas. Amadís entra en el campo, mira a su amada y toma ánimo. Llegan los jueces: Grumedán, Cuadragante y Brandoibas. Aparece Ardán Canileo, muy bien armado con la espada robada a Amadís. Oriana se asusta al ver su traza. Grumedán asiste a Amadís y Brandoibas a Ardán. Cuadrante es el encargado de tocar la trompa como señal de inicio. Comienza el combate. En el primer envite, rompen lanzas y ambos caen de sus caballos. Las dos monturas quedan muertas: la de Ardián con el cuello roto, la de Amadís con el espinazo quebrado. Amadís se levanta y saca un trozo de lanza que le ha atravesado el escudo y la manga de la loriga sin herirle. Espada en mano ataca a Ardán. Luchan con bravura. Intercambian duros golpes. La armadura de Ardán es fuerte pero pesada y su espada es la mejor. La armadura de Amadís es más ligera pero menos resistente. Ardán recibe muchos más golpes pero sale indemne. Amadís, con menos golpes recibidos, presenta bastentes deperfectos en su armadura y heridas en sus carnes. Al poco rato, Amadís tiene su escudo destrozado y su cuerpo teñido con su sangre. A pesar de tener la espada casi despedazada, consigue herir varias veces a su oponente. Madasima prefiere la victoria de Amadís. Prefiere perder sus tierras a casarse con Ardán. Oriana que ve sangrar con profusión a su amado, se gira de espaldas porque no puede soportar tal visión. Mabilia la vuelve y la obliga a mantenerse en su puesto. Las dudas sobre la victoria de Amadís comienzan a asaltar a Brandoibas y Grumedán. Cuadragante, que ya fue derrotado por Amadís, les contradice. Amadís golpea a Ardán en la cabeza con su maltrecha espada, que al golpear el yelmo se parte en tres trozos. Ardán queda algo aturdido, pero al advertir que Amadís está sin espada, se anima y anuncia su victoria voz en grito. Madasima se desespera. Se arrodilla ante la reina Brisena y le pide protección para que evite su casamiento con Ardán. Al parecer la promesa de matrimonio era válida solo si Ardán acababa con Amadís en el tiempo que un hombre recorre media legua, pero ese tiempo ya ha sido rebasado en más de cuatro horas. Se van cumpliendo las profecías de Urganda. Amadís, a la desesperada, se abalanza sobre Ardán, evita un espadazo, le agarra su escudo y, con un hábil movimiento, se lo arrebata. Recoge la punta de una lanza quebrada, y así armado, se enfrenta de nuevo a su rival. Ardán le ataca con saña y le lanza un golpe dirigido a su cabeza. Amadís se protege con el escudo y la espada se clava más de tres dedos en el brocal. Al mismo tiempo consigue herir a su contrincate con la punta de lanza en el brazo derecho. A causa de esta herida, Ardán es incapaz de desenclavar la espada. De esta forma, Amadís recupera su espada. Mabilia informa a Oriana del vuelco en el combate y de la inminente victoria de Amadís. Ardán, desarmado, intenta recuperar su escudo como antes hizo Amadís, pero éste le golpea en el hombro izquierdo, hiriéndole gravemente. Ardán intenta escapar pero Amadís le sujeta por el yelmo y le hace caer de rodillas. Le saca el yelmo y de un certero golpe, le cercena la cabeza. Amadís la recoge y la arroja fuera del campo de batalla. Arrastra el cuerpo hasta una peña y lo arroja al mar. Libera a Arbán de Norgales y a Angriote y se retira a su posada para curar sus heridas. Arbán de Norgales, bajo la protección de su tía la reina Brisena, es curado en palacio. Angriote acompaña a Amadís a su posada y ahí es atendido. Más tarde reciben la visita de homenaje de caballeros, dueñas y doncellas. Mabilia le lleva a Amadís las noticias de su amada.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Libro II, Capítulo 60

Por la noche, tras la cena, Lisuarte y su gente ven como dos fuegos se acercan por el mar. Todos se asustan. Cuando están más cerca descubren que se trata de una galera que lleva dos grandes cirios prendidos. La gente se asusta temiendo que el fuego pueda afectar a la villa. El rey acude con cincuenta caballeros a la costa. Amadís, Guilán y Enil ya se habían adelantado. De la galera desembarca una dama vestida de blanco con una arqueta de oro en sus manos. De ella saca una candela encendida y la apaga arrojándola al mar. Cuando se apaga, también se apagan los grandes fuegos. Solo persiste algo de lumbre en los cirios que permite alumbrar toda la ribera. La dueña retira el paño de la galera y muestra que está toda ornada con ramas y flores. En su interior se oye tañer instrumentos. La música cesa y al poco salen diez doncellas con guirnaldas de flores y vergas de oro en sus manos. La dueña le dice a Lisuarte: "Soy Urganda". Viene a avisar a Amadís. No debe perder el tiempo en la búsqueda de Galaor, no lo va a encontrar. Pero no debe preocuparse por él. Está bien, se recupera de sus heridas con rapidez. El rey invita a Urganda a su castillo. Ella declina, prefiere quedarse en su galera. Pero le pide que al día siguiente le envía una escolta de cuatro caballeros: Amadís, Agrajes, Bruneo y Guilán. Todos se van a dormir. El rey deja un grupo de veinte ballesteros para que custodien la galera.
A la mañana siguiente vuelven los cuatro caballeros designados para la escolta de gala. Llevan doce palafrenes para las doncellas. La comitiva se pone en marcha. Los cuatro caballeros flanquean a Urganda que expresa su contento de verse tan bien acompañada..., y porque también ella está enamorada...¿de Amadís?
Llegan a palacio. Urganda habla con el rey y pondera la lealtad de sus caballeros. Luego habla con la reina y alaba el valor, la lealtad y el amor de Amadís, como símbolo de todos los caballeros del rey Lisuarte. También felicita a la doncella del tocado, afortunada beneficiaria del gran amor de Amadís. Al oír esto último, Oriana, la Doncella de Dinamarca y Mabilia temen que pueda desvelar el amor secreto entre Oriana y Amadís con gran vergüenza para todas. Amadís, para tranquilizarlas, se adelanta y le pregunta si sabe la identidad de la doncella del tocado. Urganda le responde que nadie mejor que él para desvelar su identidad, puesto que la libró de Arcaláus y de su sobrino Lindoraque. Amadís dice que siempre la vio con la cara tapada(?). Urganda responde que se trata de una mujer bienamada, que vive en el reino de Lisuarte, socialmente bien situada, de madre extranjera y se niega a desvelar más datos sobre ella. La reina le pregunta si es dueña o doncella. Urganda le responde con evasivas. Llega la noche. Urganda se aposenta en la misma habitación que Oriana, Briolanja y Mabilia. Hablan y ríen largamente hasta quedar dormidas. Urganda advierte que Oriana no duerme. Le pregunta por la razón de su desvelo. "¿Es, quizás, la ausencia de su amante?". Oriana se sonroja, pero Urganda la tranquiliza.No va a revelar a nadie su secreto. Para evitar que las oigan sus compañeras de habitación, saca un librito y hace un conjuro. Así no despertarán y cualquiera que entre en el cuarto caerá dormido. Oriana lo comprueba: intenta despertar a Briolanja y Mabilia sin éxito. Llama a la Doncella de Dinamarca, que en cuanto traspasa el umbral de la puerta cae redonda al suelo. Entonces le pregunta a Urganda sobre su futuro. Le contesta que un fiero león vendrá y la aterrorizará a ella y a los suyos . De un zarpazo le quitará su corona que ya no recuperará. Saciará su hambre con su carne y la llevará a una profunda cueva. Oriana queda despavorida ante tan truculento augurio. Urganda la tranquiliza. Le dice que, con frecuencia, la gente, ante oscuros designios, suele temer aquello que los debería alegrar. En todo caso ella debe congratularse de tener tan buenos padres y de amar y ser amada por tan excelente caballero. Urganda esconde el librito y todas las durmientes, despiertan.
A los pocos días Urganda anuncia su partida. Hace reunir a doncellas y caballeros. Le pide al rey que les lea las cartas que le había entregado a él y a Amadís. Así todos podrán comprobar sus grandes dotes adivinatorias. Lisuarte así lo hace.
Luego, Urganda habla a la concurrencia sobre la gran contienda que va a haber entre el Culebro y el León con implicación de otros animales, entre los que muchas muertes habrá. El León herirá de gravedad al Raposo romano con gran pesar del Culebro. La Oveja negra se interpondrá entre el León y el Culebro consiguiendo la paz entre ellos. Llegarán los Lobos que atacarán al Culebro y sus amigos, y los encerrarán en una cueva. El Unicornio despertará al León que, con sus aliados, socorrerá al Culebro. Lo salvarán in extremis de la muerte. Los Lobos serán exterminados, el Culebro sanará y se librará de toda ponzoña. La Cervatilla consentirá en ser entregada a las garras del León.
El rey hace escribir toda la profecía de la que no ha entendido ni media palabra.
Urganda habla con Amadís y le pronostica una empresa que le costará sangre y esfuerzo y de la que otro sacará provecho y mérito. Le pronostica grandes sufrimientos a causa de su espada, hasta tal punto que deseará verla rota o arrojada a las aguas.
Amadís afronta con buen ánimo tan funestos presagios.
Urganda se despide de todos, embarca en su nave y zarpa hasta perderse entre las tinieblas.

martes, 8 de diciembre de 2009

Libro II, Capítulo 59

Las doncellas cuidan bien de Galaor. Recupera el conocimiento tras tres días de inconsciencia. Ve que se encuentra en una lujosa casa sostenida por cuatro columnas de mármol y cerrada con mallas de hierro. La casa está en una huerta que está cerrada por altos muros. En ellos, Galaor llega a distinguir una pesada puerta de hierro, también cerrada. No recuerda nada posterior a la batalla, no conoce su desenlace y cree que ha sido hecho prisionero.
El rey Cildadán no murió en la batalla. Cuando recobra el sentido se encuentra encerrado en una torre. Desde la ventana de la torre solo puede ver el mar. No ve a ninguna persona pero oye voces en el piso superior.
Galaor recibe la visita de una doncella y de un viejo provecto. La mujer lleva dos cajas, una de hierro y otra de plata. Le dice que quien le ha llevado hasta allí quiere que Galaor haga su voluntad. La doncella ha sido designada para curarle las heridas. En un aparte, ella le cuchichea que el viejo pretende envenenarle, pero que ella ha sustituido el veneno por un ungüento curativo. Luego le comunica al viejo que ya ha embadurnado a Galaor con la pomada ponzoñosa. El viejo le dice que alargue la agonía del caballero al menos quince días más, para satisfacer los deseos de venganza de quien ha encerrado a Galaor en esa torre. Se van, pero al poco vuelve la doncella acompañada de otras dos hermosas jóvenes. Traen comida y se quedan con Galaor, cuidándole y haciéndole compañía.
El rey Cildadán recibe la visita de una dueña de mediana edad y de dos caballeros. Sin mediar palabra, la dueña le cura y le alimenta. Luego se van.
Galaor se recupera con rapidez. Recibe las visitas de la doncella con regularidad. En una de ellas, ella le pide un favor. Galaor accede a concedérselo a cambio de conocer su nombre. La doncella le dice que ya debería saberlo, pues se conocen tiempo ha. Le dice que se llama Sabencia sobre Sabencia y se va. Galaor sospecha que pueda ser Urganda, mutada de aspecto, antes vieja y ahora joven. Mira a las otras doncellas y han desaparecido. En su lugar están Gasaval, su escudero, y Ardián, el enano, ambos dormidos. Los despierta. Ellos le cuentan como han sido llevados hasta ahí. También le hablan de la reaparación de Amadís tras su periodo como Beltenebros.
Urganda, una vez recuperados Galaor y Cildadán, les envía a sus dos sobrinas para su solaz. Son las hijas de su hermana Grimota que tuvo de una relación con Falangriz, rey de Gran Bretaña, hermano de Lisuarte. Se llaman Juliana y Solisa. De tanto solaz y atención, ambas quedan preñadas y darán a luz dos varones: el hijo de Galaor y Juliana será Talanque, el de Cildadán y Solisa, Maneli el Mesurado.
Lisuarte, Amadís y el resto de caballeros supervivientes se dirigen a Fenusa. Allí se reunen con Brisena, Briolanja, Oriana y otras damas. Son recibidos con alegría, especialmente Amadís, por salvar al rey y ser decisivo en la batalla. Briolanja le cuenta como reclutó a más de cien caballeros para buscarle. Amadís le replica que en cuanto sepa de Galaor y ayude en la disputa de Florestán y Landín, la acompañara de regreso a su reino. Luego se irá a su Ínsula Firme para ordenar sus asusntos. Hablan de la Ínsula Firme y Amadís, galante, pondera la belleza de Briolanja. Palabras que entristecen a Oriana, que piensa que Amadís la infravalora. Mabilia se lo intenta quitar de la cabeza, pero luego, cuando se reune con Amadís le aconseja que mida sus elogios para otras mujeres cuando esté en presencia de Oriana y no avivar sus celos. Aclarado el malentendido, se citan en la huerta por la noche para solazarse juntos.
Lisuarte convoca a Amadís, que acude acompañado de Bruneo y Branfil. Ven a Cuadragante cumpliendo la promesa que le hizo a Beltenebros: implora el perdón de Lisuarte y declara haber perdonado a Amadís por la muerte de su hermano, el rey Abiés. Por su parte, su sobrino Landín también declara haber perdonado a Florestán. Todos olvidan su disputa.
Lisuarte planea liberar a Arbán de Norgales y a Angriote de Estravaus, prisioneros en la ínsula Mongaza. Amadís prefiere partir en busca de Galaor, acompañado de Florestán y de Agrajes. Cien caballeros más se ofrecen para ayudarles en su búsqueda.
El rey Lisuarte aparta a Amadís para hablarle confidencialmente...

domingo, 6 de diciembre de 2009

Libro II, Capítulo 58

Beltenebros se queda tres días con Oriana. Al cuarto, parte a la batalla. Envía por delante a su escudero Enil. Conciertan su encuentro en un castillo cercano al campamento de Lisuarte, propiedad de Abradán, viejo caballero hospitalario. Llegan sin problemas al castillo y son bien acogidos. También llegan dos sobrinos de Abradán, escuderos, con noticias sobre Cildadán y su ejercito: ya han desembarcado y se preparan para el combate. Cildadán ha concedido audiencia a Grumedán y Giontes, sobrino de Lisuarte, y acuerdan lugar y día de la batalla y otra condición: cada bando solo podrá utilizar cien caballeros. Beltenebros le pide a Abradán que se presente a Lisuarte y que le deje unirse a su grupo de caballeros. Abradán parte raudo junto a Lisuarte y cumple el encargo. Lisuarte recibe con alegría la propuesta. Con Beltenebros ya dispone de 99 caballeros. Grumedán elogia a Beltenebros despertando la callada envidia de Galaor, Florestán y Agrajes. Abradán vuelve a su castillo e informa a Beltenebros de sus gestiones y de que falta el último caballero. Al oirlo, Enil le pide a Beltenebros que lo arme caballero. Éste accede y Abradán le cede sus propias armas. Al día siguiente parten con los sobrinos de Abradán como escuderos y, ante Lisuarte, Beltenebros presenta a Enil como el centésimo caballero.
Se colocan para la batalla. Por delante de Lisuarte y en primera línea: Beltenebros, Enil, Galaor, Florestán, Agrajes, Gandalac el gigante, Bramandil y Gavus (los hijos de Gandalac), Nicorán de la Puente Medrosa, Dragonís, Palomir, Pinorante, Giontes (sobrino de Lisuarte), Bruneo de Bonamar, Branfil (hermano de Bruneo) y Guilán el Cuidador. Por delante de todos, con la enseña real, Grumedán.
En el bando de Cildadán, en primera línea, los gigantes y veinte caballeros. En un otero se oculta el gigante Madanfabul de la Torre Bermeja con diez caballeros. Su misión es atacar por sorpresa para matar o capturar a Lisuarte.
La batalla comienza. Pasa el primer tercio de la jornada con un numeroso saldo de muertos y heridos. Beltenebros destaca matando enemigos, aunque no descuida la protección del rey. Galaor, aguijoneado por la competencia, también se esmera. Se le encara el gigante Cartadaque de la Montaña Defendida, armado con un hacha. Ya había matado a seis caballeros, aunque Florestán había logrado herirle en un hombro y sangraba profusamente. Galaor de un golpe de espada, le corta el hacha por el mango y le hiere en la cabeza. El gigante, al verse desarmado, se abalanza sobre Galaor y lo atrapa entre sus brazos y caen al suelo. Galaor, presa del fornido abrazo del gigante, está a punto de morir. Por suerte su espada todavía le cuelga de su mano gracias a una cadena. La agarra con fuerza y se la clava al gigante entre los ojos. Galaor se levanta tan exhausto y quebrantado que no es capaz de desenclavar la espada de la cabeza del gigante muerto. Beltenebros se enfrenta al rey Cildadán. De dos mandobles, lo derriba. El rey cae al suelo, junto a Galaor. Éste recoge la espada del rey irlandés y le descarga varios golpes hasta matarlo. Galaor, tras el esfuerzo, cae desvanecido sobre el cadáver del irlandés.
Por otro lado, se enfrentan los gigantes Gandalac y Albadanzor a golpe de maza hasta que caen de los caballos. Gandalac tiene la pierna quebrada y a Albadanzor se le ha roto el brazo. Para entonces, ya pasado el mediodía, han muerto más de 120 caballeros. Madanfabul piensa que ha llegado el momento de actuar. Sale del otero con sus caballeros y se lanzan sobre Lisuarte. Beltenebros los ve venir. Cambia su caballo por otro de refresco y se interpone. Otros acuden en defensa del rey: Florestán, Agrajes, Bruneo, Branfil, Guilán y Enil. Un caballero enemigo se adelanta a Madanfabul. Es Sarmadán el León, tío del rey Cildadán. Ataca a Beltenebros con su lanza y, aunque se quiebra, consigue herirlo al atravesar su escudo. Beltenebros, de un espadazo en la cabeza, le hiere en ambos ojos y Sarmadán cae al suelo. Los caballeros de Madanfabul consiguen neutralizar a los de Lisuarte. El gigante alcanza al rey y lo atrapa, lo arranca de su silla y corre con él hacia sus naves. Beltenebros lo advierte. Galopa en pos de él y de un golpe de espada le cercena el brazo con el que sujeta a Lisuarte. Lamentablemente hiere a Lisuarte a la altura de la loriga. El gigante muere. Beltenebros, voz en grito, desvela su identidad y continúa matando enemigos a diestro y siniestro. Sus compañeros están muy perjudicados y vienen enemigos de refresco. Amadís cree que Galaor ha muerto, y esa idea redobla su furia y su bravura. Un gigante, Gadancuriel, toma el liderazgo de las fuerzas invasoras. Amadís, cegado por la ira, se introduce imprudentemente entre las filas enemigas. Lisuarte lo ve y acompañado de varios caballeros (Bruneo, Florestán, Guilán, Ladasín, Galvanes, Olivas y Grumedán) se lanza en su auxilio. Amadís, en su ciego ataque, llega a la zona donde Agrajes, Palomir, Branfil y Dragonís luchan a pie, espalda con espalda, rodeados de enemigos. Amadís los socorre con ayuda de Florestán y Guilán. Vadamigar ataca con su lanza a Amadís, pero éste le hunde su espada hasta las orejas y lo mata. Agrajes monta en el caballo de Vadamigar. Florestán derriba a otro enemigo, Daniel. Le cede el caballo del caído a Landín que está muy malherido. Palomir le trae un caballo a Dragonís. Ya todos con montura ayudan a Amadís en el combate.
La batalla está ganada. Amadís persigue sin piedad a los que huyen a las naves, furioso por la muerte de Galaor. Gadancuriel, reuniendo sus escasas fuerzas, lanza un último ataque sobre Lisuarte para permitir la evacuación de los suyos. Florestán se interpone a pesar de tener la espada rota por la empuñadura. Gadancuriel le parte el yelmo y lo hiere. Florestán le golpea con la empuñadura y le saca el yelmo. Lisuarte aprovecha para atacarle con su espada y le parte la cabeza en dos. Al morir su jefe, ya nada impide el extermino de sus hombres: todos son aniquilados.
Luego, Amadís, acompañado de Florestán, Agrajes, Dragonís y Palomir, busca a Galaor. Lo encuentran debajo de varios cadaveres. Piensan que ha muerto. Amadís lo abraza llorando y Galaor se remueve débilmente. Aparecen doce doncellas con escuderos y un lecho portátil. Se ofrecen para curar a Galaor pero se niegan a decir donde se lo van a llevar e impiden que Amadís les acompañe. Consienten en que les acompañe el enano Ardián y el escudero de Galaor. Colocan al herido en el lecho y lo embarcan. También se llevan el cuerpo del difunto rey Cildadán.
Lisuarte consuela a Amadís por la gravedad de las heridas de su hermano. Ordena enterrar los muertos en un monasterio cercano. El rey acompaña a los caballeros heridos hasta la cercana villa de Ganota donde son curados.
Mientras, Briolanja visita a Oriana en Miraflores. Se confiesa perdidamente enamorada de Amadís, pero que su amor no es correspondido, para secreta satisfacción de Oriana. Juntas acuden, diez días depués, a Fenusa, donde la reina Brisena curaba a su marido. Allí se enteran de que Beltenebros es Amadís. Ambas acuerdan preguntarle a Amadís por su amada, la del tocado.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Libro II, Capítulo 57

Al día siguiente, la Doncella de Dinamarca acude a Londres a conocer la la respuesta. A la corte ha llegado también Briolanja, con cien caballeros que la ayudan en la búsqueda de Amadís. La acompañan veinte doncellas, enlutadas hasta que aparezca el héroe. Lisuarte admite las condiciones de Beltenebros y la Doncella de Dinamarca corre a transmitir el mensaje a Oriana y a su amante. Llegan a la corte. La fama de Beltenebros y su lucha con Cuadragante y los gigantes les precede. El rey Lisuarte reune a sus caballeros con sus respectivas damas y comienzan las pruebas. El viejo escudero, de nombre Macandón, trae los trofeos. Lisuarte intenta desenfundar la espada y no puede. También lo intentan Galaor, Florestán, Galvanes, Grumedán, Brandoibas y Ladasín. Ninguno lo consigue. Solo Florestán consigue sacarla hasta un palmo. Galaor la saca tres dedos. Guilán el Cuidador lo prueba a continuación y consigue desenvainarla hasta la mitad. Cien caballeros más lo intentan y todos fracasan. Dragonís y Palomir la sacan tres dedos, como Galaor. El último en intentarlo es Beltenebros, que desenfunda totalmente la espada. Entonces la hoja cambia de color: de rojo ardiente a clara y limpia. Beltenebros se desprende de su vieja espada y la cambia por la nueva.
Sin pausa comienza la prueba del tocado: se lo prueban la reina, Briolanja, las infantas Eluida y Estrelleta, Aldeva y Olinda. Solo con la última reverdece un tanto el tocado. Luego lo intentan más de cien doncellas y dueñas y ninguna mejora el intento de Olinda. La última es Oriana y nada más colocarse el tocado, todas las flores reverdecen y hermosean. Macandón, que tiene todos los complementos preparados, le pide a Beltenebros que le arme caballero. Beltenebros accede y es nombrado al instante. Luego Beltenebros se ofrece a Lisuarte para ayudarle en su lucha contra Cildadán. Más tarde Oriana, Amadís y Enil regresan a la Fuente de los Tres Caños. Se topan con un escudero que reclama a Oriana en nombre de Arcaláus el Encantador. Beltenebros se niega. Arcaláus envía a su sobrino Lindoraque para que luche con Beltenebros y consiga el tocado para su amiga Madasima. Lindoraque es hijo de la hermana de Arcaláus y de Cantada, el gigante de la Montaña Defendida. En el primer encuentro, Lindoraque cae al suelo con un trozo de lanza clavado en en pecho. Intenta esquivar el segundo ataque de Beltenebros con tan mala fortuna que tropieza y cae sobre el trozo de lanza que se le clava más profundo, le atraviesa y sale por la espalda y muere. Arcaláus ataca, pero Beltenebros, de un golpe con su espada le hace pedazos la lanza. Arcaláus huye. Beltenebros corre tras él. Arcaláus arroja su escudo y, al perder peso, escapa con facilidad de su perseguidor. Beltenebros vuelve con su amada, envía a Enil junto a Lisurte para que le lleve la cabez de Lindoraque y la lanza y el escudo de Arcaláus.
Beltenebros y Oriana siguen su camino. Descansan junto a una fuente. Llegan a Miraflores donde les reciben Durín, Gandalín, la Doncella de Dinamarca y Mabilia.
El rey Lisuarte y Galaor se encuentran con una doncella que dice ser Urganda la Desconocida. Les entrega una carta a cada uno y se despide y se va. Cada uno lee su carta pero no son capaces de descifrar tan enigmáticas misivas, que hacen referencia a Beltenebros y a la próxima contienda con Cildadán. De regreso a Londres se topan con dos caballeros, los hermanos Bruneo de Bonamar y Branfil que se ofrecen al rey para el inminente combate. Bruneo es el enamorado de Melicia, la hermana de Amadís y Galaor. Galaor los acoge en su compañía. Llega Filispinel con la respuesta de los gigantes. Cuenta que son muchos, gigantes y caballeros irlandeses, y que antes de cuatro días desembarcarán en el puerto de Vega, donde queda emplazada la batalla. También cuenta que en la isla de Mongaza, en el Lago Ferviente, están Arbán de Norgales y Angriote de Estravaus, prisioneros de Gromadaza, la giganta esposa de Famongomadán. Allí sufren crueles tormentos en venganza por la muerte de Famongomadán y de su hijo.